jueves, 17 de mayo de 2012

CUANDO LA LEY ES LEY QUE NO JUSTICIA


Ayer (24 de marzo de 2011), se conoció la Sentencia dictada en el procedimiento en el que se juzgaba a Francisco Javier G.M. , alias el “Cuco” por el asesinato, violación y posterior desaparición de Marta del Castillo.
El Cuco un menor. Marta del Castillo una menor. Queda pendiente la celebración del juicio contra los adultos que participaron, encubrieron o tuvieron cualquier otra forma de participación en la muerte y desaparición de Marta. 
La condena, por el delito de encubrimiento, se resumen en tres años de internamiento, parte de ellos en centro cerrado.
Estupefacción. Descrédito del sistema. Decepción de la ciudadanía. Desamparo de los perjudicados, en este caso, los padres y familiares de la menor.

Como la mayoría, desconozco, porque no la he visto, la Sentencia dictada. Estoy casi convencida que técnicamente la resolución será perfecta. Ningún Juez o Magistrado con la presión que este procedimiento comporta cometería el patinazo de no fundamentar una decisión que sabe, a ciencia cierta, saldrá en la prensa en cuanto se publique. No le arriendo las ganancias a quien le ha tocado intervenir en este procedimiento y tomar una decisión que, con lo que las pruebas que en este caso existían, sin duda, iba a ser polémica.

Pero creo que debemos ir más allá. Debemos plantearnos la bondad de una ley, la del menor (Ley Orgánica 5/2000, de 12 de enero, reguladora de la responsabilidad penal de los menores), que no hay por donde cogerla. Desde su promulgación está pidiendo a gritos una reforma que la adecue a la realidad social, a lo que la sociedad demanda. Sandra Palo, Rosario Endrinal, Marta del Castillo, Mari Luz Cortes, entre otros, perdieron su vida a manos de menores que sabían perfectamente lo que hacían, menores que conocían el alcance de los hechos que llevaban a cabo y que, jamás de los jamases han mostrado arrepentimiento alguno por las atrocidades cometidas, ni lo mostrarán.

Tenemos una ley, pero no tenemos justicia. Y en los términos en los que nos encontramos, el término justicia yo lo tengo muy claro. No hace falta recurrir  a los iusnaturalistas, ni a los positivistas, ni tampoco a los relativistas cuyas teorías se enseñan en el primer curso de todas las facultades de Derecho del mundo. No.

La Justicia en materia penal, a mi entender, es la búsqueda del equilibrio perfecto de varios elementos: el castigo personal por el comportamiento (determinado en un cuerpo legal emanado de un Parlamento democráctico), llevado a cabo (por acción u omisión), el castigo social (mediante la exclusión social, si es necesario, de sujetos que no demuestran ningún arrepentimiento por los hechos llevados a cabo, ni intención alguna de pedir perdón), la reeducación y reinserción social y la satisfacción del quebrado interés de la víctima y del perjudicado.

En Derecho, debe dejar de tratarse a los menores que delincan como si se tratara de víctimas del sistema que, en la mayoría de los casos, no lo son y hacer, de una vez, que respondan, con todas las consecuencias, por los hechos que comenten. El sistema goza de suficientes garantías para que los procesos sean trasparente,s pero carece de una Ley que de respuesta clara y contundente a una problemática cierta como es la delincuencia de menores.

Y ya está bien de cogérsela con papel de fumar. Si tenemos menores que son capaces de las atrocidades y aberraciones que vemos, si no somos capaces de dar respuesta a situaciones como en la que nos encontramos en este momento, si no somos capaces de, junto a un buen sistema educativo, de tener un sistema legal justo (tambien con las víctimas), entonces estamos perdidos.

No dudo del trabajo de nadie, ni de la carga de conciencia que el dictado de la resolución puede conllevar y también pienso que no se puede disparar contra el mensajero, contra aquel al que no le queda otra que aplicar los medios que tiene. Lo que se debe hacer es cambiar la Ley, eso y no otra cosa.
Mientras tanto continuaremos con una Ley completamente injusta que prima al delincuente por encima de las víctimas y a sus perjudicados.
Triste día para la justicia, pero no va a ser el último.


Bebo Valdes - Lagrimas negras