miércoles, 23 de octubre de 2013

MARCHANDO UNA DE MACACOS O DE HENRI PAROT, COMO GUSTEN


El tipo que aparece en el primer plano de la fotografía, lustroso, sonriente, es Henri Parot. Está sentado a la vera de Juan Lorenzo Lasa Michelena, alias Txiquierdi, ambos dos sanguinarios terroristas de ETA. A Parot, famoso por la doctrina jurídico-penal que lleva su nombre, y por la que el Estado español ha sido vapuleado por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, se le ve incluso contento. Al sujeto en en cuestión se le imputaron 82 asesinatos y acumula la nada desdeñable cifra de 4.800 años de condena a pena de prisión. Veintiseis sentencias así lo dicen. Cosa menuda para algunos.

No voy a hablar de la Doctrina Parot, en este país la manida doctrina la "conocen" hasta los párvulos, según parece. Todos somos capaces de interpretar cómo se ejecutaban la condenas nacidas al amparo el Código Penal del año 1973 (con ese es con el que se condenó a Parot), cómo funcionaban los beneficios penitenciarios y cómo se redimían las penas. Pues tampoco hace falta decir nada más. Que la osadía de cada uno le lleve hasta donde pueda, porque si una cosa está clara es que este no es es un país para prudentes, sino de tertulianos en alza. 

Pero lo que yo quería decir, volviendo a la fotografía, es que hay que ser muy mal nacido para tener ese aspecto de satisfacción, como de que la cosa no va con uno, mientras se le está juzgando, no por una nimiedad, sino por las matanzas que, con todo conocimiento, control y voluntad se han llevado a cabo.

No es de extrañar que las Salas de Vista de la Audiencia Nacional estén acorazadas con cristal blindado. Pero sería más adecuado colocarlos en jaulas, como a los monos, aunque bien pensado tampoco, porque hasta esos animales tienen más conciencia, sentido de la lealtad y respeto por sus iguales que estos dos salvajes.





1 comentario:

  1. Se dice que, una vez cometido el primer asesinato y superado el cargo de conciencia, -es decir, cuando ya no queda conciencia- es lo mismo ocho que ochenta. Y sin conciencia un hombre es mucho peor que una bestia.

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