miércoles, 7 de mayo de 2014

DE INTEGRISMOS Y OTRAS FATALIDADES MUNDIALES


"Los derechos humanos son sus derechos. Tómenlos. Defiéndanlos.
Promuévanlos. Entiéndanlos e insistan en ellos. Nútranlos y enriquézcanlos. 
Son lo mejor de nosotros. Denles vida”.


Hasta hace una semana apenas habíamos oído hablar de “Bojo Haram”. Sin embargo, después de que el grupo islamista radical haya secuestrado a casi trescientas niñas y jóvenes nigerianas para venderlas como esclavas, la comunidad internacional se lleva las manos a la cabeza y clama contra el integrismo islámico que convierte a sus mujeres en objetos, sin derechos, ni libertades.  
Porque las mujeres, para los de “Bojo Haram” (traducción: "la educación occidental es un pecado"), mediante la exaltación de la sharia, las convierte en objetos animados cuya seguridad, destino y futuro radica en la voluntad de un líder absolutamente perturbado y mesiánico, Aboubakar Shekau.

La interpretación que de los textos sagrados, en este caso el Corán, que  realizan determinados sectores es, no solo escandalosa, sino incluso delictiva. El secuestro de las niñas nigerianas es un verdadero crimen contra la humanidad, en general; y contra las afectadas, en particular. La convivencia de los seres humanos debe basarse en el respeto a derechos tan fundamentales como son la vida, la igualdad, la libertad y la dignidad. Derechos inalienables en cualquier caso, algo que con frecuencia se olvida.

La comunidad internacional, y el Gobierno de Nigeria en concreto, deben adoptar las medidas necesarias para conseguir que las mujeres secuestradas sean liberadas, puedan volver a su casa, garantizarles su seguridad y libertad. Deben actuar de un modo firme y contundente para que estas mujeres puedan seguir estudiando en las escuelas en las que lo hacían, educándose  en libertad para que nadie pueda considerarlas menos que cero, menos que la pata de madera que sostiene el camastro en el que descansan sus captores, ni venderlas a cambio de nada. Y es necesario, imprescindible, que estas mismas mujeres puedan educar a sus hijas para que éstas dispongan de medios y recursos con los que poder hacer frente, y mostrar oposición, a los que pretenden relegarlas a menos que cero.

Establece la Declaración de Derechos Humanos (proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948), que “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros” y establece en esta misma carta que  “Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas”. No existe religión ni tradición que pueda prevalecer sobre los Derechos Humanos y es el respeto a esos derechos, consensuados internacionalmente, son los que marcan la frontera entre lo admisible y lo inadmisible.

Lo que está sucediendo en Nigeria nos afecta a todos, absolutamente a todos, y la comunidad internacional no puede cruzarse de brazos. Se hace necesaria una intervención internacional inmediata mediante la aplicación, incluso del principio de justicia universal, con la intervención de los Tribunales Penales Internacionales si es preciso, visto que Nigeria, en estos momentos, no tiene capacidad para actuar individualmente, no solo para conseguir la liberación de las mujeres secuestradas, sino para poner fin a aquellas asociaciones, por llamarlas de algún modo, que repetidamente atentan contra lo fundamental: la vida, la libertad y la integridad del ser humano.