miércoles, 4 de enero de 2017

TRABAZONES



La oscuridad llenó la sala toda

cuando saciado y satisfecho quise irme.
En la puerta (ella como mi sombra me seguía),
al cruzar su dintel, sentí que entre mis dedos
quedaba el brazalete, ahora inerte y mudo.

Luís Cernuda





Bastaría una pregunta, una simple pregunta, para volver al mismo punto y seguir. Sin embargo, el silencio. En el vértice del desencanto duermen las despedidas más tristes. Coserse la boca, el bajo vientre, perder poco a poco la poca razón que queda, si en algún momento existió alguna y, sin remedio, anestesiarse para poder continuar viviendo entre preguntas perdidas, alineadas con multitud de rutinas y malas costumbres. Pero en el extremo de la duda, siguen vivos cientos de trabazones desbaratados. Saberte es vivir de otro modo.