domingo, 29 de enero de 2017

LAND


Cuando se sugieren muchos remedios para un solo mal, 
quiere decir que no se puede curar.
Antón P. Chéjov


Más allá de mí, y tal vez de ti, no hay nada. No es una frase romántica, es la medida irreal de las cosas pero medida, a fin de cuentas, de aquellos que sostienen que el principio de la vida comienza en el momento en que se es capaz de recordar y finaliza el día en que la cabeza ya no es capaz de hilvanar absolutamente nada. Para estas personas la historia no sirve  y da igual que aun queden vestigios vivos de un tiempo pasado que es difícil saber si fue mejor o peor. Viven acorde con lo que se mueve su entorno, el resto son referencias y creen que vivir de lo que no han conocido directamente, de lo que no han palpado, es solo una apuesta ciega, una falacia poco útil; la historia es un cuento novelado por algunos. Vivimos tiempos locos en los que todo parece ir cabeza del revés, los asideros éticos se colaron por la cañería y todo vale. El terror no existe más allá de una pantalla plana. 
Nada de lo que está pasando es nuevo, tenemos las pruebas de que el mundo puede convertirse en un infierno a poco que unos cuantos se empeñen en ello. Pero poco importa. La historia ha muerto y el presente huérfano es el rey. Un rey ciego, tuerto, sordo y mudo que juega a un juego escandaloso en el que comerse cuatro y vomitar cien es un gran logro. Malos tiempos, ya lo decía aquél.