sábado, 10 de abril de 2010

NAIL POLISH y EL MUNDO TRONADO


Tengo fantásticos planes para este fin de semana. Prioritario, por encima de las guerras mundiales, de la suspensión de Garzón, de la reunión de la comunidad de vecinos, es pintarse, convenientemente, las uñas de los pies. Hay que ser organizada, tener un aspecto estupendo, desde el extremo norte al extremo sur de tu persona, requiere una organización brutal. La primavera ya está aquí. Las sandalias silban desde el armario. Objetivo: los pies, otramente denominados: pinreles, peanas, quesos, etc. Me quedo con la palabra “pie”. 
Todo lo demás puede esperar, hoy sólo importan los pies. Los microcosmos tienen eso, la agenda se organiza en función de cómo le sople el viento al propietario de ese enanocosmos, y como el mío es mío, pues priorizo lo que me da la gana.
Y volviendo a los pies, porque lo demás me la trae al pairo, tengo que afirmar, con total rotundidad, que no deben lucirse, JAMÁS, unos pies que parezcan los que le quedaron a Jesucristo después de arrastrarlos subiendo al Monte Calvario. Así que como parte de la organización de los próximos “fashion month”, llevo varios días pensado en el color del esmalte con los que adornaré los diminutos pinreles en los que acaba este cuerpo serrano.
No es que no tenga otras cosas en que pensar, que las tengo, por ejemplo, si la tierra es achatada por los polos y esas cosas, pero lo prioritario es lo prioritario. Por eso, en mi cabecita sólo resuenan celestialmente dos palabras “Nail polish”.
Acabo de recibir una llamada de teléfono que me pregunta que voy a hacer. Respuesta: “buscar mi próximo nail polish”. Mientras pronuncio las escasas sílabas de estos dos vocablos, poniendo morritos de sirena, noto un increíble subidón, cientos de péptidos escapados de mi hipófisis, me inundan por doquier. Es la magia.
Así que, como no es cuestión de desperdiciar el tiempo, que es oro, ni esos rayitos de sol que esta mañana han revolucionado mis endorfinas. Voy a tirarme a la calle y si no encuentro un cálido “nail polish” que me acerque al clímax, al menos tomaremos el aperitivo y nos olvidaremos de lo gilipollas que es el mundo y lo tronadísimo que está el personal.

P.D.: Por último, espero que los que leen este blog, si alguien lo hace, escuche los enlaces musicales que son casi lo mejor.

bono frank sinatra - i got you under my skin

viernes, 9 de abril de 2010

"SÓLO PARA TI" (Fragmento) -Tony Parsons-


"Una vez me dijo: “ Hay que comerse el porridge frío”
Era una expresión china, cantonesa... Trabajar tanto tiempo en algo que al llegar a casa sólo quedaba para comer porridge frío…
Es la única manera de ser bueno en algo. Tomando el porridge frío. Trabajas mientras los otros se divierten. Trabajas mientras los otros ven la televisión, trabajas mientras los otros duermen. Para ser maestro en algo has de “ comerte frío el porridge” …
En mi dura mollera “tomar el porridge frío” significa pasar una época de sufrimiento. Pasar malos días, meses o años, porque no queda otro remedio. A mí me tocó el porridge frío de oriente mezclado con la amarga píldora de occidente, y ahora ya no sé cuál es cuál.
Pero no era eso a lo que él se refería sino a prescindir de las comodidades y los placeres para conseguir una mayor felicidad, retrasar la satisfacción para conseguir una meta lejana…
…Para mí, la frase tiene que ver con aceptar que has de soportar lo que te toque. Más aún, significa echar de menos a alguien. Echar de menos a alguien de verdad.
Como hago yo.
Pero ella se fue y ya no volverá. Ahora lo sé. No volveré a besarla nunca. No volveré a despertarme a su lado ni la miraré mientras duerme...
El amor se agota; puedes consumirlo del todo en una sola persona. Creo que es posible amar tanto y con tanta intensidad que ya no te quede nada para nadie más.. Por mucho que esperes, jamás tropezarás con nadie que llene el hueco que esa persona ha dejado. ¿Cómo vas a encontrar una sustituta del amor de tu vida? ¿Y para qué?
Rose nunca volverá a casa otra vez.
Ni conmigo.
Ni con nadie.
Quizá consiga aceptarlo si logro resistir esta ridícula necesidad de llamarla. Todo sería más llevadero si pudiera recordar, recordar de verdad que se ha ido, y no volver a olvidarlo.
Pero no soy capaz.
Cada día tengo ganas de llamarla…
Se ha ido y lo sé.
Lo que pasa es que a veces se me olvida. Nada más.
Ahora sé lo que debo hacer. Tengo que tomar el porridge frío y combatir esta irresistible necesidad de coger el teléfono."

jueves, 8 de abril de 2010

395 DIAS +


Tengo una hora por delante y una incertidumbre. En una hora, sólo en una, las cosas pueden dejar de ser lo que son. Mato estos minutos intentando no pensar en ello. Sin embargo me doy cuenta que, desde que me he levantado, estoy condicionando todos y cada uno de mis movimientos, cada una de las palabras dichas, a ese minuto que está por llegar.
Me paro frente a la maceta. Forma parte del ritual, lo mismo que la foto en el fotomatón de la salida del metro. Veo que el limonero no consigue salir adelante, le quito una  flor seca, dicen que no deben dejarse las flores muertas. Han pasado 395 días desde la última vez que lo vi. No ha conseguido que su tronco pase de ser un mero palillo. Pero sigue allí.
Guardo en el bolsillo, cuatro fotografías tamaño carnet y una flor seca.
Quiero 395 días más.

martes, 6 de abril de 2010

CIRROCÚMULOS


Miro por la ventanilla del avión. No se ve más que un irreal y mullido colchón de cirrocúmulos. Eso y la nada. Volamos por encima de toda esa masa informe desafiando a cualquier ley de la naturaleza. Por debajo, miles de personas que vagan de un sitio a otro, buscando su lugar en un mundo que se nos ha tornado en hostil refugio de nuestras vidas miserables. Pienso en alguien que sentado frente a una mesa está escribiendo, en estos momentos, una nota que nunca me entregará. Apoyada en la diminuta mesa que tengo frente a mi, escribo una nota que nunca entregaré. Enrosco con cuidado el tapón de mi estilográfica, entreteniéndome en cada vuelta que le doy. Vienen a mí, imágenes de gigantescas ruedas de oración tibetanas, símil del capuchón que giro una y otra vez, simulando los cientos de giros oratorios que los mojes budistas dan buscando trascender su existencia. Ellos con su mantra, yo con el mío. Y me repito una y otra vez: basta, basta, basta, mientras cierro, para no volver a abrir, la pluma que sé que jamás volveré a usar.
Miro de nuevo por la ventana. Ya no se ve nada. Hemos empezado el descenso. Yo también. Creo que estoy llegando al infierno y no sé si quiero hacer ningún esfuerzo por salir de ahí.

GOODBYE


Me lleva de la mano hasta el escaparate de una concurrida calle. Míralo, ¿lo ves? Me acerco al cristal, casi pego la nariz, pero no consigo ver nada. Le digo que no veo nada, que ahí dentro no hay nada. Es sólo una tienda cerrada, un montón de escombros en el centro de lo que parecía haber sido una cafetería o algo parecido. No sé que es lo que quiere que vea. Insiste en que mire, y yo insisto en que no veo nada.
Comienza a caminar despacio, calle abajo, sin esperarme. Corro un poco para alcanzarle, estirando el brazo hasta que consigo rozar su hombro. Vuelvo a preguntarle que quería que viera. Hace un alto en el camino, me mira como si fuera una extraña. Es lo último que quedaba de nosotros, de los dos, lo has olvidado.
Para un taxi, entra en él y desaparece de mi vista mezclado entre un tráfico imposible.
Me siento estúpida parada en mitad de esta avenida, sin saber que hago aquí, por qué me ha tenido que traer de nuevo hasta este lugar. Vuelvo sobre mis pasos. No sé porqué motivo, siento ganas de llorar.


james morrison - The letter