sábado, 2 de mayo de 2009

UNA DE MARUJAS ASESINAS


No me gusta el término "maruja", no me gustan las "marujas". Ahora! Que empiece la polémica!. Para evitar una avalancha de personal manifestándose por aquí, llamándome clasista, pedorra y otras lindezas que la sinceridad, a veces, lleva aparejada, explicaré por qué no me gustan las "marujas". Según el RAE, "maruja" es un sustantivo, femenino, despectivo, cuyo significado en términos coloquiales significa: Ama de casa de bajo nivel cultural. Quienes me conocen saben que siempre he abogado por la integración de la mujer en el ámbito laboral y por el hecho que la maternidad no la saque de "patada y media", de su puesto de trabajo. Es necesaria la existencia de políticas conciliadoras, donde una persona pueda dedicarse al cuidado de sus hijos y a su vida familiar sin que por ello pierda la independencia y la capacidad de toma de decisiones que lel dinero que ganaba trabajando (mucho o poco) le permitía. No es lo mismo pasar por el escaparate de una tienda y ver una braguitas monísimas y, uno: no poder comprarlas porque no tienes dinero o dos: tener que pedírselo al que sigue en el tajo, pese a tener familia. Y quien dice unas bragas monísimas, dice un libro, un paquete de tabaco, una comida con los amigos de siempre, un par de sartenes, una visita al dentista, los  plastidecor de los niños, qué más da. La porquería del sistema laboral que hoy tenemos organizado, con unos horarios largos hasta la extenuación, los elevados costes en la delegación de tareas, el sentimiento de “abandono” de la prole cuando nos vamos a trabajar, la imposibilidad real de conciliar, hace que más de una y más de dos mujeres, opten por dejar su puesto de trabajo cuando tienen su primer hijo. Estos abandonos/retiradas de la esfera laboral que, lo queramos o no, es la que nos permite tener recursos personales y económicos en nuestra vida (autoestima, facilidad de  gestión, poder de decisión, etc.), relegan a muchas mujeres, no a todas, a convertirse en apéndices de sus parejas, por mor de la dependencia económica (y por ende en otras muchas cuestiones,) no con carácter transitorio sino, en muchas ocasiones, con carácter indefinido. La necesidad de las “retiradas laborales” por necesidad de atender a la familia, por lo general, termina al cabo de unos meses, o a los sumo un par de años. Sin embargo,  acostumbran a prolongarse en el tiempo, con lo que cuando los niños ya en el colegio o en la guardería, algunas mamás marurijiles,  que no han podido reengancharse al carro laboral, terminan tomando café en el establecimiento más cercano al centro escolar de los críos,  maldiciendo el día que decidieron quedarse de guardianas del jardín. Esta opción de vida, que a mí particularmente NO ME GUSTA, no es discutible, cuando una decide que realmente eso es lo que quiere, cada uno puede hacer de su capa un sayo y más si con la persona con quien comparte almohada está de acuerdo, cuando es impuesta, por la sociedad, la pareja o la falta de posibilidades, es torna un asco de vida.
Pero volviendo al tema, no soporto el término “maruja”, por lo despectivo y zafio. Porque se supone que la “maruja” no tiene interés por nada, porque tiene un bajo nivel cultural y porque termina siendo una adicta al tranquimazín y a los chupitos de “agua del Carmen”, con lo que no estoy de acuerdo. Pero como existir existen y, muchas de ellas desempeñan una labor estupenda en su casa y con su familia, por eso sólo puedo recomendarles aquello de Marujas del mundo uniros. Tocad a la puerta de Viviana Aido y reivindicad una mayor dignidad a vuestro estilo de vida y que se  os deje de recordar sólo por lo de “MARUJAS ASESINAS”.


Concha Buika - Culpa Mia