domingo, 2 de septiembre de 2012

HUMEDAD RELATIVA


El paraíso, la cama de un hotel. Doce palmos de algodón convertidos en una isla para dos. Fuera llueve, las gotas caen despacio y no hay prisa. Nada la tiene. El relente, que se cuela por la ventana apenas abierta,  bate las cortinas convirtiéndolas en banderas de un abordaje piel a piel, contagiándonos de una humedad relativa.  Me duermo en tí. Cruzo las piernas para sostenerte  así, sobre mí  y extiendo los brazos para abarcar las cuarenta y ocho horas de un mundo efímero, único, total. 
Fuera, una tormenta marina. Dentro,  sólo tú.