martes, 11 de septiembre de 2012

CENTAUROS



Cada día, a la caída del sol, se coloca frente a un caballete desvencijado, y mientras sostiene, apretando entre los dientes, sus pinceles de pelo de turón, idea historias que después, sin prisa, traslada a unos cartones gruesos que terminarán en el trastero. 

Sólo expuso una vez, una sola vez. Nunca más lo ha vuelto a hacer, ni lo hará, afirma. Es algo absolutamente incomprensible.

La capacidad de frustrar vocaciones, aficiones, aptitudes, provocando, incluso, su abandono, está en manos, casi siempre, de aquellos en quienes se confía. No serán pocas las veces en las que este sabotear al otro nazca de la propia frustración, de la incapacidad personal, o  incluso de una rivalidad no reconocida.

Es una de las despreciables facetas del ser humano. Es más fácil destruir que construir.

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"Fácilmente se comprende que todo ello significa una condena de la poesía. Y en efecto, jamás ha salido de labios humanos una condena tan taxativa y extremada como la de Platón. Y bien se comprende, además, por un motivo personal: Platón era poeta y abandonó la poesía por la filosofía. En realidad siguió siendo poeta, puesto que hay mercedes irrenunciables, y así, era de sí mismo de quien se defendía al condenar a los poetas. Es justamente en Platón en quien ya la filosofía se despide definitivamente de la poesía, se independiza de ella y para hacerlo hasta el fin, tiene que atacarla, como a lo que en realidad es: su mayor peligro, su más seductora enemiga, a la que nada hay que conceder para que no se quede con todo. Como Ulises ante las sirenas, tiene que taparse los oídos para no escuchar su música, pues si escuchara, ya no volvería a escuchar otra cosa. Platón el poeta, «el divino», tiene que cerrarse a toda justificación del poeta y tiene que alejarlo de su República, pues si le diera entrada, ¿qué iba a hacer él, Platón, sino poesía? Había que elegir y nadie podía sentir con más fuerza el conflicto que quien llevaba dentro de su ser ambas posibilidades; quien era poeta por naturaleza y filósofo por decreto del destino. (Como no es ahora de Platón de quien nos proponemos hablar, no podemos detenernos a mostrar cómo en los trances supremos de su filosofía acude al mito poético para revelarnos las verdades supremas y entonces las largas cadenas de razones quedan atrás, ante la luminosidad del misterio revelado. ¿Sabría Platón entonces, que estaba haciendo poesía?)".
María Zambrano