jueves, 25 de abril de 2013

NOTAS DE UNA INTERVENCIÓN CUALQUIERA


¿Qué es lo que impide que dos personas, frente a una situación concreta, con unos intereses no necesariamente contrapuestos en lo esencial, sean incapaces de entenderse, de aunar esfuerzos y resolver la controversia en la que se encuentran? Puede que existan distintos motivos, pero uno y principal son los fallos en la comunicación.


Lo que nosotros decimos y lo que el otro entiende no siempre es lo mismo. Y es que como personas con una trayectoria personal determinada, con unas creencias y vivencias individuales, tendemos a interpretar lo oído en el contexto de nuestra propia idiosincrasia. Esta particularidad en la interpretación se puede ver agravada en aquellas situaciones que por, una excesiva influencia del estado emocional, el receptor termina por escuchar aquello que le interesa escuchar y hacer caso omiso a todo aquello que contradiga su pensamiento inicial. El ser humano es así. Y es que como dijo aquel “el corazón tiene razones que la razón no entiende”

El estado de ánimo es, sin lugar a dudas, un importante tergiversador del mensaje emitido y, a su vez, recibido, que puede terminar creando una confrontación que en la realidad no existe, o no debiera existir.

No hay grandes remedios a un mal tan común salvo que optemos por intentar una comunicación de carácter bilateral, exenta de la susceptibilidad de algunas emociones. La búsqueda del equilibrio en la comunicación es esencial, lo mismo que la flexibilidad en las postura que sólo se consigue mediante el mantenimiento de la conversación en la que emisor y receptor estén en un plano de igualdad, puedan poner de manifiesto sus pensamientos, replicar y emitir su propia opinión.

Cuanto más se interactúa más difícil es que se malinterpreten las palabras y es más sencillo que por la propia naturaleza de la conversación, salvo casos de torticero interés, pese a las emociones que interfieren, se consiga llegar si no a puntos de encuentro, sí a limar la hostilidad que las emociones provocan tanto en la emisión como en la recepción del mensaje.  

El inmovilismo en las posturas casi es, casi siempre, por la falta o la mala comunicación.