martes, 16 de abril de 2013

TECLEANDO EN EL IPHONE: ODIO ETERNO AL AMERICANO. ASÍ DE IMBÉCILES SOMOS.



Me quedé adormecida en el sofá. Había empezado a ver una película, ni siquiera recuerdo el nombre, ni cuando perdí el hilo y la  triste historia de celos desapareció. Me desperté en una nebulosa y lo siguiente podría haber sido la escena de cualquier película americana. Escombros y el aturdimiento de los que aparecen en la pantalla. La estúpida voz del Cónsul de España en Boston me sitúa en la realidad (que no debe ser la suya porque está en su casa rascándose la barriga, con el Consulado cerrado y bromeando sobre si podrá acudir a la oficina al día siguiente). No es una película de Chuck Norris. Un atentado de nuevo. Más muertos a saber uno el porqué. 


Enciendo la blackberry. Me conecto a la vida virtual, son las dos de la mañana. Un gesto de simplismo, si uno quiere información de la de verdad lo mejor no es conectarse a twitter para leer la sarta de estupideces y majaderías que a la gente se le viene a la cabeza cuando se produce una desgracia ajena. 
Y ahí estamos de nuevo frente el eterno odio al americano, ese que al final nos termina salvando el culo. ¿Alguien puede comprenderlo? Nos morimos por los Iphones, por los partidos de la NBA, por las Harley Davidson, por las películas made in Hollywood, por las hamburguesas, por la música de Bruce Springsteen, por las novelas de Paul Auster, por viajar a New York, por la capacidad de ir todos a una cuando vienen mal dadas, y eso sólo por poner unos cuantos ejemplos más que toscos. Sin embargo, es al odiado americano al que le petan las entrañas ¡Qué se jodan! 


Es tan grande la imbecilidad que nos rodea que se termina por justificar, minimizar, algunas acciones tan repugnantes como son un atentado, sea donde sea.

Me enferman algunas actitudes, determinados posicionamientos por irracionales, sectarios e hijos de puta, la demagogia de algunas personas, de algunos sectores que se dicen tan “democráticos”, tan progresistas” que sólo de escucharles dan ganas de vomitar.





Sigo las noticias sobre el atentado de Boston, con la vida virtual cerrada que en ocasiones, muchas más que menos, parece un saco de locos, degenerados, que matan sus insufribles menudencias a base de ponerse en evidencia. Un mundo de locos, el real y el virtual.