jueves, 4 de abril de 2013

SI ÉMILE ZOLA LEVANTARA LA CABEZA



Son muchas las ocasiones en las que bromeo sobre la repetición de los actos, de los hechos, sobre lo previsible de determinados comportamientos, sobre lo poco originales que somos. Y no son pocas, tampoco, las veces que bromeo sobre ese infinito circular que es el devenir del mundo.

Reviso las notas de mi próximo trabajo y subrayo en un rojo carmesí lo siguiente:


“Tal es la verdad, señor Presidente, verdad tan espantosa, que no dudo quede como una mancha en vuestro gobierno. Supongo que no tengáis ningún poder en este asunto, que seáis un prisionero de la Constitución y de la gente que os rodea; pero tenéis un deber de hombre en el cual meditaréis cumpliéndolo, sin duda honradamente. No creáis que desespero del triunfo; lo repito con una certeza que no permite la menor vacilación; la verdad avanza y nadie podrá contenerla. Hasta hoy no comienza el proceso, pues hasta hoy no han quedado deslindadas las posiciones de cada uno; a un lado los culpables, que no quieren la luz; al otro los justicieros que daremos la vida porque la luz se haga. Cuanto mas duramente se oprime la verdad, mas fuerza toma, y la explosión será terrible. Veremos como se prepara el más ruidoso de los desastres".

De nuevo el círculo de la historia infinita de la humanidad. Las palabras escritas por Émile Zola en “J’Accusse” en el año 1898 en un alegato periodístico, una carta abierta al Presidente de la República francesa, en defensa de Alfred Dreyfus ya condenado, que podría haber sido escrito ayer mismo.


Son tiempos convulsos en los que la calumnia, la infamia y la falta de rigor  se convierten en una condena perpetua incluso en la muerte civil de muchos. Sin embargo, debemos agarrarnos a las palabras de Zola y repetirnos hasta que se nos grave a fuego que la opresión de la verdad es la antesala de la ruina.