miércoles, 10 de julio de 2013

EL PODER DEL MAR


"Para un niño, el tiempo es una eternidad. De repente tienes 50.
 Todo lo que queda de tu infancia cabe en una cajita herrumbrada".



A estas horas sólo quedamos dos, mi sombra y yo. No somos muchas pero estamos bien avenidas. Me permito subir el volumen del reproductor hasta que los acordes, que se escapan de unos bafles diminutos, resuenan contra mi plexo solar y mi sombra, que es una fan incondicional de la música pop, no puede evitar mover los pies mientras las manos de mi yo evidente teclean hasta el hastío.


¿Quién dijo que el año termina minutos antes de tomar las uvas? Seguramente alguien que no sabía que el mundo revienta el último día del mes de julio para volver, con el mismo tedio que terminó, el primero de septiembre.  No es una invención, de eso doy fe. 


Horas de calor, haciendo y deshaciendo para que la vida de otros sea más amable. Somos, mi sombra y yo, dos incondicionales, también, de la gentileza vital y de los despachos vacíos que nos permiten descalzarnos, tararear mientras pensamos en el azul del mar y descansamos antes de continuar.