jueves, 10 de abril de 2014

¿HAY ALGUIEN AHÍ FUERA?


- ¿Houston podría estar malinterpretando los datos?
- Bueno, no estamos recibiendo ningún dato.


No soy ni la primera ni la última persona a la que le roban nada. Así que no debería lamentarme en exceso porque mi teléfono haya abandonado el bolsillo de mi chaqueta y esté ahora entre las manos del tipo al que de un modo nada violento, todo muy sutil metió su mano en mi bolsillo y se lo llevó. Sólo  un levísimo roce en el costado que no he interpretado más que como el desliz del que sin querer, con las apreturas del lleno, acaricia el tejido de otro exento de toda libido. Y sí, sin libido habrá sido, pero con un evidente ánimo de lucro y de jodienda personal. Ha sido rápido, casi evanescente como un suspiro, pero terriblemente gravoso como un tiro certero. He perdido toda la agenda personal, profesional, anotaciones, próximos eventos y compromisos de trabajo que viajaban con él.

Solo me queda el consuelo de a estas horas el autor de ese hurto, que me ha dejado desconsolada, no tiene más que una carcasa y una tarjeta muerta. A veces hay que ser tan rápido como ellos, o al menos, intentarlo.


Ahora vago por el universo más ligera de equipaje aunque, debo reconocer, se hace francamente raro. Si alguien quiere algo, ahora de verdad, va a tener que silbar o enviarme una paloma mensajera.