sábado, 9 de agosto de 2014

DIARIO DE UNA MUJER DESPEINADA (VI)


"Al mismo tiempo, las palabras son verdaderas y muy traicioneras, 
y tienes que inventar porque ya están muy viejas..."



¿Quién dijo que en Madrid no se puede dormir en verano? Una brisa queda sube desde el Retiro y me despierto con un ligero temblor en el bajo vientre. Alguien me dijo una vez que una no se acaba nunca mientras siga teniendo ardores. Puede que no esté acabada, que no esté muerta, y que en realidad solo esté dormida, anestesiando la derrota que grabé con una muesca en la puerta de la cocina y de la que ya apenas queda marca. 
Medianoche quedó atrás pero sigue la penumbra. Cierro los ojos de nuevo, buscando volver al lugar en el que comenzó la noche. Y poco a poco, sin pensar en nada, la vida me acaricia de nuevo y me susurra, mientras empiezo a adormecerme, que mi delicioso destino se encuentra entre los dedos de unas manos satisfechas que a veces se multiplican por dos.