domingo, 2 de noviembre de 2014

APUNTES (II)


"No quedó nada: tan sólo un cráter que humeaba bajo la débil luz del claro de luna,
 y el sentimiento de haber originado ese desastre infinitesimal".


Y aunque el desconcierto me tiene sumido en una especie de bruma que lo emborrona todo, aun soy capaz de saber que aquella mujer, que mi memoria desdibuja y la convierte en divina, no es más que el recuerdo deformado, desesperado, de un viejo al que ya no le queda nada. Pero aunque sabiendo del engaño, en mi pervive aquella hembra estupenda, primigenia, que convirtió en polvo cualquier futuro más allá de sus caderas.  Su recuerdo, entre los humores nocturnos que van y vienen, convierte mi entrepierna en el barómetro de mi propia locura. La hice inmortal, la ramifico, la divido y la multiplico hasta que me ovillo en la cama y, en silencio, espero, cautivado por su recuerdo, que la muerte me lleve.