jueves, 20 de noviembre de 2014

TODO BIEN. GRACIAS.


Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cinco años podría entenderlo.
 ¡Que me traigan un niño de cinco años!


Convocatoria en la sala de juntas con la mayor de las urgencias. Alguien se había encargado de colocar en la mesa unos folios junto a un bolígrafo y un botellín de agua para cada  uno de los convocados, en el descuido, las prisas con toda probabilidad, hizo que no se viera un solo vaso en toda la mesa. Presidía Don Álvaro de Maeztu y Arriola. Un mequetrefe aupado por la buena fortuna de un matrimonio con suerte, además de con consorte pudiente. La diferencia entre que la reunión la presidiera un mono o Don Álvaro solo radicaba en que no habría cacahuetes para ir picando mientras  el interfecto se deshacía en un discurso trufado de estupideces económicas y legales.

Nada hacía presagiar que aquella convocatoria, tediosa y tremenda, que venía durando ya no menos de cuatro horas, fuera a terminar como el rosario de la aurora. En un discurso grandilocuente en el que se loaban las grandezas de una institución que de grande ya solo tenía la sala de reuniones y la puerta de entrada, Don Álvaro, otrora miembro de la Logia del betún y la gomina, infartó. Tuvo a bien hacerlo sobre la moqueta, sin escándalo y con un ligero gorgoteo, una especie de trino celestial de despedida que le dejo la misma cara de imbécil que había tenido siempre, solo que ahora para toda la eternidad. No cundió el pánico, bien al contrario, parecía como si  un cierto alivio recorriera la sala, como si las plegarias de más de uno, y de dos, y de tres, lanzadas al cielo en las dos últimas décadas, hubieran sido escuchadas.  Solo la de la infeliz Araceli, menesterosa secretaria libadora, con llanto contenido, intentaba reanimar a aquel melifluo que ahora descansaba en el suelo.  Nadie dijo nada. Los asistentes fueron abandonando la sala, en orden y sin ningún gesto circunspecto, mirando el reloj. Pasaba ya la hora de comer, y que hasta para morirse hay que  ser más oportuno y menos coñazo.



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