martes, 27 de septiembre de 2016

FICCIÓN


¿Fue posible que yo no te supiera cerca de mi,
 perdido en las miradas?
Los ojos me dolían de esperar.
Pasaste.

Jaime Gil de Biedma





Llevar la casa acuesta porque destino manda, y unos días vives aquí, otros un poco más allá y al final, como si de una vuelta al mundo con retorno retardado se tratara, vuelves al hogar, a esas cuatro paredes que guardan la esencia de la vida, de tu vida para saber que todo sigue en orden, todo sigue donde debe. Y es ahí, en el lado seguro de tu vida, donde la provisionalidad de todas esas casas en las que te vas acomodando, con la carga que siempre preside lo ajeno, se va tornando fina, casi un modo de vivir que deja de espantar. 
Este fin de semana, bajó  la temperatura, los pies helados y la garganta protegida porque siempre sufriste por el mismo costado. Aquí es posible ver el vuelo de algunas rapaces,  el rompiente del amanecer apenas aturde. Vivimos al borde de una ficción que siempre se quiebra en el último momento, como en aquella película que aún ronda por encima de la mesa del estudio, esperando el momento oportuno para volver a perderse en ella. 
Se acerca el frío, y entre las manos, las ganas de que nada nos deje indiferentes y en tus ojos, la vida entera.



martes, 20 de septiembre de 2016

DIARIO 2.0


Hay lugares que tememos, lugares que soñamos, lugares de los que nos convertimos en exiliados sin darnos cuenta hasta que, a veces, ya es demasiado tarde.
Tomas Pynchon




Fue, quizás, la noche más interesante de todo el verano. Quedamos para tomar una copa y aliviar los rigores del agosto urbano en la terraza de un hotel cercano a casa. Desde la azotea, con la brisa de las noches leves, pasaron las horas sin que nos diéramos cuenta. La percepción del tiempo siempre es caprichosa, una demanda de atención extrema cuando el horizonte pinta negro y  que se disipa, sin despedirse, cuando no hay nada más que calma.
Hablamos mucho, casi tanto como nos escuchamos. Todos guardamos historias curiosas hechas a la medida de las rutinas de vidas corrientes, con las que jugamos para intentar convertirlas en una trama extraordinaria. En el oficio de vivir, la ficción también es necesaria.





lunes, 12 de septiembre de 2016

LA LLUVIA


Qué poco amamos a los que amamos y 
cómo nos gusta salirnos de madre.

Juan Marsé




Darle vueltas de una manera recurrente a la idea delirante de su existencia, volviendo una y otra vez, en mitad de una espera tan absurda como extraña. Vivir en la necesidad de volver a ella, una y otra vez, porque no hacerlo así sería casi una traición.
El otoño es una estación incierta. Volverán los cuellos altos y, bajo ellos, cualquier brizna de aquella posibilidad que fue engordando a la sombra de la ausencia forzosa, se desvanecerá hasta desaparecer. Entonces quizá llueva y esas cuatro gotas desordenadas, quizá también, alivien la pena.



miércoles, 7 de septiembre de 2016

GUARDAR EL SECRETO


Hiciera lo que hiciera ahora, le parecía que siempre 
llegaría demasiado tarde. Podía correr cien años 
y seguiría llegando justo cuando las puertas se cerraban.
Paul Auster




Encuentro en la impresora un bueno montón de papel. Alguien lo debe haber olvidado, cosa poco probable, o la máquina, a traición y abusando de la nocturnidad, lo ha ido dejando ir después de que quedara en cola para desesperación de quien sea. Comienzo a leer. Paso las hojas sin ninguna prisa, puedo entretenerme sin tropezarme con nadie, es pronto. Pero empieza a invadirme la sensación de estar haciendo algo malo, como si estuviera revolviendo los cajones de otro. Así que paro y ordeno los folios golpeando sobre el costado del mostrador. Me abanico un poco con el comienzo de lo que es un relato más que bueno. Descubrir que entre los de tu alrededor, y sin saber quién, oculta una vocación literaria, tiene su gracia. Pero sé que no debo seguir, leer las cosas de quien no las ha hecho públicas, y sin que ese lo sepa, me puede. La educación judeocristiana de la culpa me acompañará toda la vida junto a un cierto pudor por lo ajeno. No lo puedo evitar, como tampoco puedo imaginar de quién puede ser el relato. Y mientras me avento con el montoncito de hojas, dudo entre  dejarlo sobre el mostrador o incluso en la boca de la propia impresora. Al final, aunque lo que hay escrito es bueno, francamente bueno, creo que es mejor pasarlo por la trituradora de papel. No creo causar ningún estropicio, seguro que quien imprimió dispondrá del archivo y, con toda seguridad, preferirá, como me ocurre a mí con las cosas que son mías, que lo suyo siga siendo suyo mientras él o ella así lo quiera. Pero hay algo que ya no tiene vuelta atrás, cada vez que me cruce con cualquiera de los que imprimen por la máquina en cuestión, la curiosidad me matará mil.









domingo, 4 de septiembre de 2016

EL REGRESO


No hay ninguna guía para la muerte. 
Nadie para decirte qué hacer, qué es lo que te espera.
Lucia Berlín




Acaban las vacaciones de verano sin  señal alguna de la llegada del otoño. Este año, las lluvias de finales de agosto se han desvanecido entre los vapores de un calor de justicia. Sin embargo, el final es el final, y como todo aquello que acaba, también este tiempo nuestro terminará dejando un poso de nostalgia que con suerte tardará algunos días en manifestarse. El tiempo pasa y la vorágine de la vida urbana nos devuelve a las prisas en el vivir. Todo se va colocando en su sitio, las maletas lo primero y los recuerdos de los días sin ocupaciones van asaltando, sin tregua, su puesto en la memoria. Septiembre no es un buen mes para hacer planes, aunque es difícil sustraerse al juego del inicio de un curso que llenamos de cosas que sabemos que, con toda probabilidad, aparcaremos en cuanto nos alcance la rutina.  Mientras, esperamos que el tiempo pase, tan rápido como el que engulló nuestro tiempo de independencia, para volver a disponer de ese que nos permite la dispersión y abandonarnos en aquello de lo que es menos es más. El tiempo es fugaz y el ansia de tenerlo entre los dedos, modelándolo a voluntad, es mucha. Siempre nos quedan cosas en la recamara, cosas que nos importan y que poco tienen que ver con lo palpable. Quedará para el recuerdo, que cicatrizará con las primeras tormentas de septiembre que aún están por llegar, la tranquilidad de un tiempo sin sobresaltos, de compañías calmas,  y el calor mediterráneo que en poco tiempo desaparecerá.