miércoles, 8 de julio de 2009

DE LA IGUALDAD O DE LA PERVERSIÓN DEL SISTEMA (mirando por el tercer ojo)


Hace ya algún tiempo se promulgo la famosa Ley de Igualdad. A partir de ella se supone que todos somos iguales en derecho y obligaciones, los hombres y las mujeres. Partiendo de ahí, se supone que la Administración, sobre todo la de Justicia, debe ser implacable a la hora de aplicar y gestionar sus propios actos, aplicando criterios realmente igualitarios, de manera que cuando se tenga que optar entre "el" o "ella", la decisión se ampare en la capacidad y responsabilidad de uno u otro, y no en si usa bragas o calzoncillos. Pero hete aquí que la realidad siempre supera la ficción y que la Ley, por mucha Ley que sea, termina convirtiéndose en papel mojado. En el perverso sistema que tenemos para la resolución de las cuestiones relativas a las rupturas de pareja y las medidas que deben regular las futuras relaciones entre los ex-, y la de estos con su prole, ninguna trascendencia tiene la tan manida igualdad entre partes, ni la presunta ceguera de la justicia. La justicia no es ciega, sino que está tuerta, mira con un sólo ojo. El ojo de los tópicos, el ojo de la desigualdad; el ojo que ve a la mujer como la más idónea para cuidar a los hijos por el simple hecho de haberlo parido; el ojo que ve en el hombre al simple implantador de "semillitas". Definitivamente y en Justicia, la administración sólo ve por  un ojo, el ojo del culo.