miércoles, 29 de julio de 2009

LICUADA


Tenía serías dudas sobre si no habría empezado a comportarse paranoicamente. No hablaba, vomitaba las palabras, las que tenía clavadas en la boca del estómago. No dormía, se limitaba a no moverse, a respirar cadenciosamente para intentar recuperar el control de su pensamiento un tanto acelerado.
Vuelve a salir el sol, y empieza el drama. Se ha licuado, se ha convertido en un montón de burbujas que recorren su cuerpo, centrándose en el estómago para recordarle que es perfectamente vulnerable.
Ya no hay noción de tiempo, los relojes empezaron a girar al revés. Dos cadencias: la finita, la que empieza todos los días cuando siente su presencia; la infinita, la que empieza cuando se dicen adiós. 
Descontrol, miedo, terror, esperanza, deseo, todo en la cocktelera en la que se convirtió su cerebro.
Y al final de todas esas sensaciones, la maldita encrucijada. Alguien dice que las encrucijadas tiene empalizadas que parecen imposibles de saltar, pero ella sabe que no es cierto, a fin de cuentas hasta el muro de Berlín se fue a pique......


2 comentarios:

  1. Genial, Anita, como siempre. Pero tú ya sabes lo que opino de lo que escribes.

    Besos.

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