viernes, 19 de febrero de 2010

ARRUMACOS "MOFETILLA MON AMOUR"


Si los viernes por la tarde recibo llamada de Berta, ya me puedo poner a temblar. 
Hoy la llamada es letal. Anita ya puedes correr, deja lo que estés haciendo, tienes que acompañarme a un sitio U.R.G.E.N.T.E.M.E.N.T.E. Me llevo las manos a la cabeza mientras hago un gesto de negación que ella no ve. De nada me va a servir excusar que tengo que apagar un fuego terrible, que he contraído la peste bubónica, que tengo que amamantar a "baby-mocosete", que tengo que ir a arbitrar una pelea entre un perro y un gato. Me voy a ahorrar la excusa y la guardaré para otro día, hoy, por el tono, sé que no va a servir de nada.  

Bajo cargada con mil trastos, a ver si se da cuenta que estaba trabajando y que, como no se trate de algo importante, va a tener que venir a ayudarme durante todo el fin de semana.  
Nos encaminamos a un centro comercial de lo más “fashion”. Dice que tiene que comprar lencería, que ha hecho limpieza de cajones y lo ha tirado “todo”, que no tiene ni unas benditas braguitas que ponerse. Algo dentro de mí me dice que hay algo que no es como me cuenta. Me oculta información, lo noto, lo siento, sobre todo porque me pide que entremos en una tienda carísima y empieza a mirar con ojos golosones un preciosísimo liguero en el que no cabríamos, ni ella ni yo, ni que estuviéramos durante 725 días en huelga de hambre. 
Algo se está yendo de madre. 
Cojo a Berta del brazo y le recuerdo que ese trocito de tela tan estupendo vale la mitad de su sueldo y que, salvo que tenga una explicación buenísima, razonable y que el destinatario de tan preciado envoltorio sea George Clooney, su compra de ropa interior no va a ir más allá de la adquisición de un par de bragas de cuello vuelto, como que me llamo Anita. Berta me mira con ojos picarones y, mientras se encoje de hombros, me dice que mañana tiene una cita. Pongo los ojos como platos, menuda novedad. Berta tiene una cita mañana. Le digo que eso no es excusa para dedicar ese dineral a la adquisición de un liguero como ese. Empieza a hacer pucheros y me dice que sí que lo vale porque esta vez se ha enamorado, pero enamorado de verdad. La miro directamente a los ojos, le hago la prueba del trole, le pongo todas las pegas del infierno y sigue en sus treces, ¡ME HE ENAMORADO!, se ha enamorado
Le pregunto quién es el “afortunado”, pues no tenía noticia de que en su vida hubiera varón novedoso. Me explica que es un amor que ha retornado del pasado, que hacía mucho que no se sentía así. Y está tan “ASÍ”, que ha dejado de comer, que ha dejado de dormir, que no puede respirar. Dice que hace siglos que nadie le dice las cosas que él le susurra al oído, que se siente morir de amor cada vez que le suena el teléfono. Y todo eso debe ser cierto porque, mientras me lo cuenta, veo en sus ojos un brillo especial, algo que hacía mucho no veía. 
Le pregunto de nuevo quién es él. Sólo consigo que me diga que no me lo puede contar en este momento. Esto empieza a ser muy raro. Llega la hora de sentarnos, me tiene agotada, el amor le rebosa por los cuatro costados y eso me causa cierta grima y espanto. Mientras pido un par de cafés, le suena el móvil, la veo ruborizarse y lanzar un meloso saludo. No puedo creer lo que oigo. Le arranco el teléfono de la mano y no puedo dar crédito a lo que veo, el destinatario de los arrumacos de “mofetilla mon amour” es Gonzalo, su ex-marido.

Definitivamente, estamos muy mal, pero así son las cosas del amor.

P.D.: Ha compardo el liguero...Gonzalo siempre me cayó bien ;-)


Rod Steward - HAve you ever seen the rain