martes, 21 de enero de 2014

SUSTOS


"Quizá se le atribuye demasiado valor a la memoria y no el suficiente a la reflexión.
 La memoria es, dolorosamente, la única relación que podemos sostener con los muertos".
Susan Sontag

Este mediodía he acompañado a mi hermana mayor al médico. Estas visitas suyas me ponen muy nerviosa. Su salud no es la mejor y cualquier cosa, por pequeña que sea, supone una alteración de su vida y la de todos los que la rodeamos. Me pone nerviosa porque se nos escapa de control y la voluntad ni sirve, ni cuenta para nada.  Así son las cosas.

Al salir, hace un día estupendo. Nos vamos a pasear cogidas del brazo como dos ancianitas que no somos, pero esa manera de agarrarse reconforta mucho e incluso es divertida cuando llama la atención de los transeúntes que creen cruzarse con la reencarnación de una joven Charlotte Rampling (ella) que le saca una cabeza a su acompañante (yo). 

La vida es un susto y deberías saberlo, me dice. Sé que tiene razón, pero tengo la sangre espesa cuando afecta a los míos, cuando le afecta a ella. La vida es un susto y doscientas mil calorías ingeridas para que se pase, le recuerdo. Nos vamos a comer porque algo hay que echarse al cuerpo, porque no hay que dejar que los sustos nos puedan y porque paga ella, que para eso es la mayor.


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