domingo, 20 de septiembre de 2015

REMAR CONTRACORRIENTE



Y, de repente, me vuelve el valor. Poco a poco me siento mejor y decido encender mi pipa. Macke me declara entonces su amistad. Hasta ese momento me había tomado por una suerte de monstruo perfecto y ahora resulta que fumo una apacible pipa.Algo de todo esto le parece terriblemente maravilloso.

Paul Klee -Diario de un viaje a Túnez-



Con el tiempo empezamos a descuidarlo todo, a olvidar como se olvida lo que se tiene cerca. Cada uno se coloca en la zona de comodidad que se construye con los cuatro mimbres que se tienen a mano. Algo así como una ciudad que se va quedando enclenque. Las grandes infraestructuras siguen estando donde estaban, pero solo de un modo aparente. Construir cuesta relativamente poco, mantener cuesta mucho, algo así como varios disparos a quemarropa en mitad del entendimiento y de la emoción. Lo enfermizo se instala en lo cotidiano como un estado natural. Y una mañana eres incapaz de reconocer la calle por la que cada día caminas; de encontrar, porque ya no está, la mano que te sostenía frente al precipicio. La ruina instalada, todo se tambalea y quieres sentarte. Sentarte para no perder nada de vista; para observar; para entender; para intentar recuperar lo que aún no sabes como se coló por el desagüe mientras vivías una vida de prestado. Reparas en los socavones de la acera, en lo mayor que estás, y cuentas los minutos, quizá las horas, que faltan para volver a besarle en la boca.