miércoles, 18 de noviembre de 2009

Más huerfana que nunca.



Acostarse tarde, no por puro placer, sino por las malditas obligaciones; estar cansado, muy cansado; llevar en la espalda más carga de la que uno quisiera (colocada por uno mismo ante la incapacidad de decir no cuando debió hacerlo o simplemente, porque la vida sea eso, ir llenando la mochila que nos colocan nada más nacer), provoca que las noches, en ocasiones, se conviertan en auténticos “paseos” nocturnos. Te duele el cuerpo, te duele la cabeza e incluso un poco el alma. La cama no es el mejor sitio para encontrar la calma, sino todo lo contrario.
Será porque todo anda “patas arriba” o precisamente porque ayer uno de mis mejores amigos, durante una de las comidas más agradables que he tenido en los últimos meses, me describió a la perfección, hoy apenas he podido dormir. Me fui con el “ru-run” en la cabeza tras oír lo que, aseguro, no quería oír, pero es lo que tienen los amigos de verdad, lo que te quieren y están contigo, pase lo que pase y pese a quien le pese, que las verdades te caen sí como sí.
Así que hoy, pese al manido cansancio, la vida hecha una mierda, el dolor que no lo quitan ni los malditos ibuprofenos, me he tumbado en la cama (hacer ver que uno duerme a veces provoca, por puro mimetismo con uno mismo, el poder dar dos cabezadas) y repasando mentalmente la existencia llevada hasta ahora y lo que me viene en adelante, me he descubierto con aquella postura con la que siempre vi dormir a mi padre cuando era una niña y me mandaban a despertarle durante las siestas del domingo. Sin poder evitarlo me he sentido más huérfana que nunca.
No me quejo, siempre puede ser peor, sólo que no me gusta.

http://www.goear.com/listen/f914200/Pare-joan-manuel-serrat