martes, 24 de noviembre de 2009

Te quiero y se lo digo al mundo, pero sólo "in articulo mortis"



Se casaron "in articulo mortis". Escuchar esta frase me hace sentir escalofríos, no por el tema matrimonial sino por lo de "mortis". Los escalofríos de ayer fueron tras escuchar una historia, real, la de dos personas que tras convivir durante más de 25 años, dos hijos en su cuenta del haber, y él con un cáncer terminal, habían decidido contraer matrimonio "in articulo mortis", en la habitación de un hospital cualquiera de la seguridad social. Quien me lo contaba, no tiene nada de fantasioso, sino todo lo contrario, tiene los pies muy asentados en el suelo, y me relataba todavía "chocado" la absoluta emoción que percibió en los contrayentes y las miradas de amor que se proferían mientras daban su consentimiento a una unión matrimonial que estaba destinada a no durar más allá de los próximos cinco días.
En la habitación, según me cuenta, unas sábanas simulando unos cortinajes, unos ramos de flores que las enfermeras de la planta habían colocado en un gesto por borrar la frialdad de la estancia; nada de aroma a jazmines y a azahar, en el aire la espesura del olor de los desinfectantes y de la morfina, hoy reducida a su mínima expresión para que la lucidez permitiera al esposo consentir lo que allí se celebraba. Nadie podía evitar tener en frente al convidado de piedra, el que lo motivo todo: la muerte.

No seré yo quien juzgue nada, no seré yo quien hable de las bondades del matrimonio y de lo poco o mucho de complicado que tenemos las personas en nuestra cavidad cerebral. Como siempre digo, casarse o no casarse es una opción en la formalización de unas relaciones y cada uno puede decidir como lo hace y el motivo por el que lo hace.
Pero a mí, me cuesta entender estas situaciones. No puedo entender el esperar a última hora para decirle a la sociedad y al mundo que aquel hombre o aquella mujer, son lo más importante en tu vida, con quien has decidido que llevaras adelante un proyecto vital y que se lo haces saber a través de unos ritos (civiles o religiosos, que más da) que van más allá del simple compromiso personal. No me cabe pensar en motivos espurios tales como "quiero que se quede la pensión de viudo/-a, quiero que herede mis bienes, etc.", pues eso tiene mil maneras de solventarse sin tener que pasar por adquirir los compromisos (que no los digo yo, sino que los marca el propio Código Civil o el religioso que toque) que el matrimonio supone y que sabemos, en este caso, tendrá una duración no sólo finita en el tiempo, sino con final inminente.

Se casan porque se quieren. ¿Pero no se querían hace 25 años, hace 15, hace 10 o hace 6 meses?, ¿Es un acto de verdadero amor y compromiso o es una patochada social por muy emotiva que ahora nos parezca? Yo no termino de comprenderlo, pero es que a fin de cuentas hace ya mucho tiempo que dejé de entender nada. Me gustaría que alguien me entregara ya de una vez el maldito manual de instrucciones de esta puta vida o al menos el que nos dice como entendernos unos a otros.

Sin embargo, por mí que no quede: "Felicidades a los novios" aunque hasta aquí llegue el tufo a muerte y desidia.