sábado, 5 de noviembre de 2011

UNA DE MANDOBLES, POR FAVOR.


Hace unos días asistí a la presentacion en Barcelona de la edición en castellano de una obra inédita, en aquella lengua, de un escritor archiconocido ya fallecido. No voy a dar más datos, pero el que siga un poco esta web y lo que se publica en ella, sabrá de quién y de que hablo.


Pues bien, sobre aquello ya escribí y ahí queda. Pero sobre lo que no escribí, y fue porque no creo que ni el editor, ni la hermana del escritor, presentes en aquel acto, se merecieran una crónica en la que repartiera mandobles y se hablara poco o nada del libro, o de su autor. Pero, como digo, aquello ya está hecho y la espinita, sobre lo que allí pude ver, la tengo clavada dentro. 
Por eso, ahora viene cuando voy a lo mío y lo mío es poner de manifiesto la absoluta falta de preparación, o de ganas, o de conocimiento, vaya usted a saber, de las personas que los medios de comunicación, en ocasiones, envían para cubrir actos literarios.

Algunos se escudarán en que esos “periodistas”, ignoro si lo son o no, se limitan a acudir a su trabajo, hacer cuatro líneas o una grabación de lo que en las presentaciones se dice y a otra cosa mariposa, que no les tiene que interesar para nada la literatura. Así que lo mismo podrían cubrir un incendio en el barrio de Salamanca, que una plaga de pulgas en el Somorrostro, que el Premio Nobel de literatura. Y puede que algunos crean que eso tiene que ser así, pero yo, sinceramente, creo que para que uno pueda hacer un trabajo en condiciones tiene que tener un mínimo de interés en lo que hace. Y es que cuando uno no conoce nada, o casi nada, sobre lo que va a informar, no se ha documentado mínimamente, es imposible hacer del trabajo propio algo gratificante para uno mismo y para los que van a recibirlo.


Puede que ahora a quién le lluevan los mandobles sea a mí, pero si es por decir que algunos hacen su trabajo con una mecánica que espanta, bienvenidos sean estos.