domingo, 19 de abril de 2015

EUROPA-EUROPA


Nosotros no coligamos Estados, nosotros unimos personas.
Jean Monnet


Algunos pudieran considerarme una europeísta convencida y ciertamente lo soy. Algo de culpa tiene Jean Monnet y los años rondando una Cátedra recién creada que concentraba a unos cuantos raros, entre ellos, la que suscribe. La idea de una Europa global y unida, bajo el gobierno de todos y para todos, fue algo que siempre consideré esencial. Algo que en estos momentos de desconcierto político es absolutamente fundamental sobre todo cuando algunos nacionalismos trasnochados pretenden la imposición de su carácter excluyente. Pero algo le falla a aquella Europa que los románticos imaginábamos. Mi primera decepción vino con la tibia intervención europea en la guerra de la antigua Yugoslavia. Y aunque a día de hoy las cosas se siguen haciendo regular, la unión y cooperación entre Estados es más necesaria que nunca. Es una cuestión de seguridad, de supervivencia económica, de la posibilidad de intervenir en todas aquellas cuestiones que van a influir en la vida de las personas con las que convivimos para mejorar su calidad, de garantizar los derechos no solo humanos sino también fundamentales de sus ciudadanos, y de trabajar por la extensión internacional de esas garantías. Cuanto más grande sea la participación de Estados en las instituciones comunes más cerca estaremos de conseguir no solo la paz para sus gentes sino también su bienestar, aunque a veces no lo parezca.


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