lunes, 9 de marzo de 2009

PODÓMETRO O CULOMETRO



He decidido comprar un podómetro. Dicen que cuando se llega a una cierta edad lo primero que nos vence es la pereza para practicar deporte alguno y, como consecuencia de la fuerza de la gravedad y del famoso pecado capital, se nos vence el culo, es decir se nos cae. Siendo del natural optimista, para mí y para mis posaderas, he decidido no hacer ejercicio, pero sí caminar. Me gusta caminar. La decisión es firme, pero tiene importantes inconvenientes: el primero, no me gusta caminar sin rumbo fijo; el segundo, que me encanto mirando las musarañas cuando voy por la calle y puedo morir atropellada en cualquier momento; el tercero: no se si caminar y fumar a la vez es demasiado sano; y el cuarto: que se me abre el gusanillo de sentarme en una terraza a tomarme un café y ver la vida pasar. Así, que visto el natural pedorro que tengo con el tema camineril, he decidido compararme un podómetro y hacerme una media de 10 kilómetros al día. Miedo me da, igual acabo con un enfisema pulmonar, un subidón de tensión por exceso de cafeína y una multa de la guardia urbana por despiste circulatorio. Prometo dar noticia.

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