viernes, 27 de marzo de 2009

Y SI NO NOS GUSTA SER LA OTRA, QUE PASA?


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No sé si es mala costumbre leer todo lo que cae en nuestras manos, pero una, que tiene este vicio, siempre ha llegado a conclusiones fascinantes, por culpa de leerlo todo. Y cuando una lo lee todo, acaba leyendo lo que no debe, o mejor dicho, en lo que no debería perder el tiempo. Hoy ha caído en mis manos los resultados de una encuesta en la que se estudiaba los hábitos de fidelidad en la mujer. La verdad es que empecé la lectura pensando que podía ser interesante y que, ya que una se ha visto en más de una extraña situación, podría comprobar si me encuentro en la media nacional o, si por el contrario, me he convertido en una rara avis. Y vaya por Dios, a las diez líneas, casi estaba por jurar que en lugar de un estudio medianamente serio estaba leyendo las conclusiones de un test de la revista Nuevo Vale. Como ahora somos más modernos que nadie, el estudio en cuestión sostiene que el 65% de las mujeres españolas vivimos en una espiral de infidelidad, que un 15% estaba deseando entrar en esa espiral, y el 10% restante ni se lo plantea. En el estudio también se reflejaba que actualmente el 70% de las mujeres, aún sin compromiso, no tendrían inconveniente en mantener una relación (sentimental? sexual?) con un hombre ya emparejado. La siguiente conclusión era que casi el 100 por 100 de las mujeres que vivían estas dobles relaciones estaban encantadas con ellas. Y claro, me he quedado ojiplatica porque, una que ya empieza a peinar canas, tras conocer y vivir historias la mar de confusas, siempre ha llegado a la conclusión que estas apasionadas relaciones clandestinas acaban, en la mayoría de casos, con una insatisfacción personal, al menos en una de las dos personas que la mantiene. Y no me pregunten el motivo, en muchos casos la que queda tocada y mal tocada es la mujer. Se nos envían continuos mensajes intentado que creamos que somos independientes, liberadas y que, al igual que ellos, podemos mantener relaciones inestables paralelamente a nuestras relaciones estables. Eso es ser liberal, eso es ser independiente y segura de una misma, pero la conclusión a la que yo llego (eso sí, no he pasado a nadie el test Nuevo Vale), es que, por lo general, estas relaciones, cuando se prolongan en el tiempo, a menudo dejan profundamente insatisfecho. A mi particularmente, que no negaré he tenido mis más y mis menos, no me parece ni liberador, ni gratificante mantener según que tipo de relaciones y ello sin dejar de reconocer que al inicio de ellas, estamos tan eufóricas, que sólo oír el politono de Nokia Tune cuando él llama, nos ponemos a bailar. Pero yo que sí que me considero liberada, independiente y hasta ciertamente bastante inquieta, no me gusta nada, pero que nada, ser la otra.