lunes, 11 de abril de 2011

DE PAREJAS ABIERTAS Y OTRAS MILONGAS


Cuando alguien que es más convencional que un tutú con medias rosas, en el marco de una relación amorosa, suelta aquello de que se siente un poco asfixiado,  que necesita espacio, el receptor del mensaje puede apostar que el “olor a muerto” lo desprende él. Si transcurrido cierto tiempo, por lo general poco, el mismo sujeto convencional del tutú aboga por “abrir la pareja”, que al receptor no le quede duda alguna, sus cuernos son visibles a distancias kilométricas, hasta el google earth es capaz de localizarlos en el inmenso globo terráqueo.  Vamos que la cornamenta, materializada o no en el momento del fatídico enunciado, es digna del mayor alce del Canadá.
Y es que la petición de tener una relación de pareja abierta, por lo general y casi siempre en lo particular, encierra la gran trampa del que no sabe como mandar a paseo a otro al que ya no se ama y se escuda en aperturas que lo único que encierran es el gran temor a poner un punto y final a lo que ya está caduco.  Así de claro. 
Lo del emparejamiento abierto es algo así como tener carta blanca para mantener una aventura con otra persona distinta a la pareja. Todo muy civilizado, eso sí, desde el punto de vista del aperturista que es quien se ha colocado en la posición de ventaja,  porque el otro, de habitual, anda a por uvas y no comprende la petición de aquel con el que se supone tiene una relación.
No nos engañemos, los sentimientos amorosos son exclusivistas.  Queremos que ése a quien amamos nos dedique, en exclusiva, sus atenciones, sus caricias, sus gestos, sus miradas, todo lo que conlleva la carga emotiva y sensual de esos sentimientos que sentimos por otro. Por eso, la “apertura” a otros de esas atenciones,  sólo nos parece bien cuando somos nosotros quien decide hacer el reparto según más  nos apetezca, pero no nos parece igual de bien cuando lo que toca es sufrir que la persona amada se dedique al reparto de eso que querríamos para nosotros solos.
Siempre he pensado que los que hablan de relaciones de "pareja abierta" y se manifiestan como adalides del aperturismo,  que tanto pueden estar  con menganito, como con fulanito, en realidad no aman a nadie, sólo se quieren a sí mismos y esperan una especie de adoración continua de aquellos a los que dispensan sus atenciones,  pero poco más. Al menos es así en el entorno en el que vivimos, tal vez, en Jandikjinstan o en Bundinganka la cosa  sea distinta pero aquí, en esta piel de toro, las cosas son así. No conozco a nadie que, amando a otro, le haga demasiada gracia que la persona amada dedique atenciones amorosas a otro que no sea él mientras mira a otro lado esperando que termine el reparto y le toque la tanda. 
Pienso que el  amor no entiende de aperturismos,  salvo que de amor quede poquito y lo que quede sea otra cosa, llamémosle como queramos y que pareja y amor no siempre van a la par, mal que nos pese.
Y es que la que suscribe que es de tendencia apasionada, exclusivista, con tendencia a amores excesivos, cuando ama no entiende de más apertura que la del escote, ni de otra que no vaya encaminada a encontrar la piel del otro para perderse en ella sin que quepa que esa piel la comparta nadie más. Será que una es rarita.