viernes, 28 de octubre de 2011

EXISTIÓ


Pasó sin esperarlo. Fue tan inesperado que la sorpresa fue casi una conmoción. Llegó en forma de malestar generalizado, una especie de enfriamiento que no remitía con los días. Y así, pensando que el otoño había adelantado un estado gripal que no existía, el cuerpo se me empezó a deformar de una forma amable.  Había llegado sin billete, pidiendo paso a empellones y se instaló al abrigo de un otoño benigno.
El desconcierto inicial dio paso a una especie de euforia incontrolada. No sabía cómo explicarme, explicarle y explicarles que así, sin llamarle, estaba ahí.
Conocí los latidos de su corazón, los centímetros que ocupaba mes a mes y mientras ordenaba mi vida, se deshizo en un torrente sanguinolento. Sus dedos, su nariz, su corazón, terminaron entre mis manos, mientras intentaba que no se me escurriera su vida entre las piernas.
Pero así son las cosas. Han pasado ya algunos años. He vuelto a pensar en ello mientras termino de preparar la tarta de Daniel y coloco la vela con un número bien grande.
Existió. Fue, digan lo que digan otros.