martes, 4 de octubre de 2011

HARTITA ESTOY


He llegado a casa tras un día muy cansado. Como no tenía ganas de nada, y cuando digo nada, es nada de nada, me he sentado frente al televisor para vegetar. En los escasos minutos que he resistido frente a ella, he visto una gran cantidad de anuncios. Varios de ellos sobre anticelulíticos, el de unas pastillas para perder peso, el de unos cereales que ayudan al tránsito intestinal y a la pérdida de peso, el de una clínica que, por un módico precio, te hace nos cuantos arreglitos. Vomitivo.
No lo resisto más. La presión por tener unos cuerpos que se alejan de nuestra propia naturaleza es tan bestial que sustraerse a ella es casi un imposible. 

Si una es mujer, muy mujer, tiene, por su propia constitución, curvas. Puede que en algunos casos esas curvas sean excesivas, en otros, exiguas. Pero lo cierto es que las mujeres  (salvo en los casos de las que tienen voluntad para convertirse en auténticos bichos palo), tenemos pecho,  caderas,  glúteos y algunas, incluso, cierta prominencia en el abdomen. Por eso, esa publicidad que nos satura con imágenes tan alejadas de la realidad que parecen una película de terror, me tiene hasta el moño. 
A todos nos encanta estar guapos, gustarnos a nosotros mismos y a  los demás. A mí la primera. Pero estoy hasta el gorro de tanta publicidad, no sólo engañosa, sino creadora de falsos estereotipos.

Alguien debería gritar bien alto que las mujeres de verdad tienen curvas, y yo, sin duda, optar por un baño relajante y no por encender el televisor cuando llego muerta a mi casa.