jueves, 18 de noviembre de 2010

SAN NOTEBOOK


Hace algún tiempo, por estupideces de la vida, perdí el contacto con una mujer colosal. Nos habíamos conocido en la universidad. Se convirtió en el amor de uno de mis mejores amigos para, posteriormente, convertirse en su pesadilla (no conseguía olvidarla). Durante años nos movimos a la par: nos emparejamos, nos desemparejamos para volvernos a emparejar y esas cosas. Trabajamos mano a mano aunque cada una estuviera en una punta distinta de la ciudad. Compartimos cocina, cama, baño, confidencias, pérdidas irremplazables, hijos por el camino, perdimos muchas cosas juntas, demasiadas.  Por aquello de la mala leche que gasta la vida y las zacadillas del destino, decidimos seguir cada una por nuestro nuestro camino, no nos despedimos, pusimos miles de kilómetros de por medio y aquí paz y allí gloria. La vida es así. Yo no la olvidé, ni ella a mí. Dar marcha atrás es complicado y ya lo dice aquel: "recular ni para coger carrerilla". Así que pasamos página sin pasarla, o sí. Había que soldar la fractura y eso requiere tiempo y algunas cosas más. Hoy la tecnología, un mundo hiper-globalizado y una intuición a prueba de bombas, me han proporcionado una alegría colosal. Está estupenda, casi tanto como yo. Una hora de risa en una  videoconferencia entrecortada que discurre en un tren en Montreal y un tren en Barcelona (pura casualidad), no tiene precio.
Creo que sólo por eso voy a poner mi notebook en un altar.