viernes, 12 de noviembre de 2010

UNA DE PROTEINAS POR FAVOR



 Por los altavoces truena una canción que viene a decir algo así como “yo te espío, yo te sigo, quiero estar detrás”. Estamos sentaditas, totalmente vestidas, urbanitas cien por cien, tomando un batido híperproteico en la cafetería del gimnasio al que nos apuntamos hace mil días y no venimos nunca.
Nada de cintas en el pelo, ni camisetas sudorosas, nada de todo eso. Lo nuestro es una simple postura estética y de contribución a la economía nacional mediante el sostén de gimnasios a los que no acudimos. Sólo nos sirve para concertar citas de urgencia algunos mediodías. Por los altavoces suena la canción de marras y nosotras sorbemos las cañitas del batido como si fuera un ron con cola. 
Mi amiga Berta tiene cara de fastidio (tal vez las proteínas no le gusten). La veo llamar al monitor-masajista-camarero mientras le espeta un discurso del tenor literal siguiente “Oiga, eso que nos hacen escuchar es una solemne estupidez”, creo que ha cogido carrerilla y sigue con aquello de qué es eso de espiar a nadie, lo que hay que estar es en la primera línea de fuego para enterarte de que va la película, que lo de los espías es de mariquitas. Que seguir, sigan a Rita la Cantaora y que en eso de lo de estar detrás, sólo lo concibe si el que tiene delante está de buen ver, mejor palpar, y le sirve para observar un trasero poderoso. Concluye pidiendo retiren la canción ante el alucine del cachas de turno. Miedo me da. Sigue sorbiendo y mirando con mala cara  a todo aquel que pasa por su lado. Cuando le pregunto que le ocurre, si está bien, coge carrerilla y contesta que algunos de los que escriben canciones deberían estar encerrados en un manicomio y que sus canciones deberían cantarlas allí como trovadores de tres al cuarto para hacerse terapia de chalados, pero que lo mismo deberían hacer con los que escriben libros de autoayuda, novelas de pìchirrí, discursos soporíferos y blogs infumables como éste (ya me ha tocado, pienso. Nunca debí dejarle leer nada y menos confesar que protagonizaba algunos textos).
Con sumo cuidado le retiro el vaso, entiendo que ha tenido un mal día y el batido puede acabar en mi cabeza. Le pregunto el motivo de su alteración, a fin de cuentas es una canción pasadísima de moda, pero sólo eso, una canción. Abre el bolso y saca un sobre gigantesco con una buena cantidad de folios grapados. Una demanda acompañada de un bonito informe de detectives presentada por su última pareja, escritor de pacotilla de libros de autoayuda en sus horas libres y compositor de jingels.
Vamos a por otra ronda. Esta vez que las proteínas sean dobles.