sábado, 22 de enero de 2011

EL VICIO DE LA LECTURA


Siempre he sido una lectora indisciplinada, muy indisciplinada. Pienso seguir siéndolo hasta el día que me muera. Aprendí a no gastar mi tiempo, ni mi atención en leer lo que no me dice nada, a cerrar el libro antes de  llegar al final, y olvidar lo leido, si lo que leo no consigue que mueva la ceja ni una sóla vez. La lectura es un vicio del que no quiero ni voy a prescindir. Lo cuido y lo mimo, con lo que quiero, con lo que me gusta, con lo que me interesa. Respiro y leo.

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EL VICIO DE LA LECTURA (Edith Wharton)
(Fragmento)

"La difusión del conocimiento clasificada habitualmente con entusiasmo y aprobación universal en la categoría de  los progresos modernos, ha dado lugar incidentalmente a la producción de un nuevo vicio: el vicio de leer.
Ningún vicio es más difícil de erradicar que el que se considera popularmente una virtud. Entre estos vicios destaca el vicio de la lectura. Se admite de modo general que leer basura es un vicio; pero la lectura per se -el hábito de leer-, nuevo como es, ya está a la altura de virtudes tan acreditadas como el ahorro, la sobriedad, el levantarse temprano y el ejercicio regular. Hay, en verdad, algo peculiarmente agresivo en la actitud virtuosa del que lee por sentido del deber. Los que se han mantenido en los humildes caminos de la preceptiva lo veneran como a alguien que sigue un consejo imposible de cumplir.
"Ojalá hubiese leído tanto como usted", declara el novicio iletrado a este adepto de lo supererogatorio; y el lector, acostumbrado al incienso del aplauso acrítico, considera de forma natural que su ocupación es una hazaña intelectual notable.
La lectura llevada a cabo deliberadamente -lo podríamos llamar la lectura volitva- no es lectura, al igual que la erudición no es cultura.
La lectura verdadera es una acción refleja: el lector nato lee de forma tan incosciente como respirar. Cuanto más meritoria se considera, más esteril se vuelve. ¿Qué es la lectura, en última instancia, sino un intercambio de ideas entre el escritor y el lector? Si el libro penetra en la mente del lector tal como ha salido de la del escritor -sin ninguna de las adiciones y modificaciones que inevitablemente produce el contacto con el nuevo cuerpo de pensamiento-, se ha leido en vano. En estos casos la culpa, claro está, no es siempre del lector, hay libros que son siempre iguales -incapaces de modificar o de ser modificados-, pero éstos no cuentan como factores literarios. El valor de los libros es proporcional a lo que podemos llamar su plasticidad: su cualidad de ser todas las cosas para todos los hombres, de ser modelados diversamente por el impacto de formas nuevas de pensamiento. Cuando por una u otra razón, esta adaptabilidad recíproca está ausente, no puede haber ninguna relación real entre el libro y el lector".