sábado, 29 de enero de 2011

MICROMUNDO DE PILETA


Tal vez la elección del día para volver a nadar no ha sido la más adecuada. Una mañana de sol transmutada en la réplica del diluvio universal. Cortinas de agua que han terminado por arrancarnos de terrazas y veladores. Hay poca gente en la calle pero yo necesito pisar las aceras. No me importan los charcos, ni las salpicaduras que he conseguido llenen los bajos de mis vaqueros a base de pisadas firmes. Me da igual, el agua me devuelve la vida.

Necesito recuperar, poco a poco, las cosas que siempre me han gustado. Lo catatónico no puede ser eterno. Por eso, dejé en casa las gafas de sol, cogí el paraguas, la bolsa que llevaba semanas olvidada en un rincón y me fuí a nadar.

Brazada tras brazada he sido capaz de comprender lo que en tierra firme no puedo.
Mientras sumerjo la cara en el agua, siento que vuelvo a mi estado natural. Vislumbro mi vida, lo que he hecho con ella, y transformo el mundo con dos pensamientos y un movimiento firme del brazo. Bajo el agua todo es fácil.
Sé que es sólo un espejismo, que cuando vuelva a pisar las baldosas que rezuman una humedad casi enfermiza, todo volverá a su sitio, al lugar al que la tozuda realidad lo devuelve todo.
Pero durante un tiempo, el universo se convierte en mi micromundo,  un lugar al que accedo con el simple movimiento de una mano y la expiración de un aire que ya se ha corrompido.
Todo varía cuando transformo el universo con la mirada que le imprimo. Todo recobra su sentido.
Fácil, a veces es muy fácil.


Julie London - As time goes by