martes, 25 de enero de 2011

ABSURDO

Cierro la puerta con dos vueltas de llave. Escucho, mirando la madera, los últimos pitidos que arman la seguridad de mi casa. Miro las marcas que el canto de la llave ha dejado en la haya y pienso en lo absurdo de mi gesto. Nada detiene el mal. La vida es así, irracional, contradictoria, fugaz. Absurda como el atentado en el aeropuerto de Moscow.
¿Qué vale la vida de un hombre, la de mil hombres, en un mundo homicida? ¿Qué valgo? ¿Qué vales? Poco, nada, o tal vez lo valemos todo. Un transito tan inseguro como caminar entre la niebla.

¿Cuántas puertas se han cerrado esta mañana, cuántas sofisticadas alarmas se han armado, buscando mantener los escasos reductos de tranquilidad que creemos nos pertenecen? Arrancamos la vida y la despedazamos, nada la mantiene a salvo

Nos creemos especiales, únicos, exclusivos, diferentes, por encima de todo, pero no somos nada, o quizá sólo un poco de polvo.

Miro con cierto desconsuelo la puerta de mi casa. Tengo que ir a coger un tren. Podría ser Atocha, Domodédovo o Londres y no volver más. No controlamos nada, ni siquiera el inmediato segundo que transcurre al que acabamos de dejar atrás.

No comprendo nada, el mundo se me ha vuelto hostil.

Bach - Rostropovich - Prelude