miércoles, 19 de enero de 2011

FALLEN


Bajé por Paseo de Gracia sin prisa. Había recibido una llamada, un número que no reconocí y una petición que me causó sopresa. Había borrado cualquier vestigio de su vida, no conservaba su número de teléfono, ni su dirección, nada. Almacenar, guardar aquello que no se va a utilizar, siempre me pareció una mala manera de gestionar el espacio. Me sorprendió. Acepté verle después de no saber de su vida en los últimos años. No sé porqué lo hice.
Nos vimos en el café de la radio. Traía bajo el brazo un sobre grande, oscuro, doblado en sus extremos. Me saludó con un beso en la mejilla, apenas un roce, y sin cruzar más que un escueto "hola", como si nos hubieramos visto ayer, me entregó aquel bulto sin más ceremonia.
Lo abrí con cuidado y saqué de su interior un libro. Su nombre aparecía en la portada. Reconocí el título.
Cuando levanté la vista me pareció que esperaba que le agradeciera el gesto, pero no supe que decir. Lo dejé sobre la mesa, dejé que mis manos reposaran en mi regazo y esperé que iniciara él la conversación. Sonrió y yo seguí sin saber que decir. Los minutos se espesaron, el silencio empezó a pesar y yo seguía sin saber que decir.
Me levanté para ir al baño y mientras caminaba supe que dejaba a mi espalda la decepción del que espera un reconocimiento que no recibe. Todo me quedaba demasiado lejos. 
Me lavé las manos dejando corre el agua. Cuando volví a la mesa, ya se había marchado. Sobresalía un punto de libro y la curiosidad me pudo. Leí los únicas cuatro frases que se recogían en aquella hoja y pensé que el mundo o simplemente nosotros, nos hemos vuelto locos.
Recogí mis cosas, sólo las mías. Dejé unas monedas sobre la mesa y salí caminando hacia la esquina. Sentí frio. Paré el primer taxí que pasó y le indiqué una dirección cualquiera.

Randy Crawford i Presuntos Implicados - Fallen


© Fotografía naq