martes, 11 de enero de 2011

MENTIRAS PELIGROSAS Y EL COMUNICADO DE ETA


No sabría decir cuantos comunicados de alto al fuego de la banda terrorista ETA he vivido. Quizá porque han sido demasiados y porque aquel día yo misma estaba en un aeropuerto (para mi suerte, no en Barajas),  sólo recuerdo el último. Corrían las navidades de 2006, ETA, meses atrás, había anunciado un alto al fuego. Los asesinos, porque no tiene otro nombre, no habían anunciado que daban por finalizado su particular tregua, se limitaron a volar el aparcamiento de la T4 de Madrid llevándose por delante la vida de dos ciudadanos y dejando hecho trizas las instalaciones aeroportuarias.
Ayer, a media mañana, a través de la red social Facebook, me enteré del nuevo comunicado de ETA, en el que tras una leve fanfarria escrita, declaraba, para temor de todos nosotros “Un alto al fuego permanente y de carácter general, que puede ser verificado por la comunidad internacional”.  Me volqué a buscar el comunicado en Internet, quería ver si, finalmente, estábamos antes algo distinto o de nuevo si, como viene siendo habitual, nos pretenden hacer comulgar con ruedas de molino. Y efectivamente, tras leer de arriba abajo, de abajo arriba el comunicado, llegué a la conclusión que estamos ante más de lo mismo y, por ese mismo motivo, se me erizó el bello sólo de pensar que, cuando menos lo esperemos, tendremos un nuevo atentado que nos dejará el cuerpo temblón y la sensación de estar en un permanente bucle del que es  imposible salir.
Esta mañana, por aquello de si el ánimo lo tenía más sereno y ayer no supe ver o leer lo que estos tipos decían, he vuelto a buscar el comunicado. La sensación vuelve a ser la misma. No hay nada nuevo. Vuelven a imponer sus condiciones y a servirnos en bandeja de plata una maniobra orquestada por cuatro asesinos, para influenciar sobre las próximas elecciones municipales en territorio vasco. Lo tengo claro y creo, casi con total seguridad, no equivocarme, basta con tener un poco de interés por la salud política de este país para darse cuenta de ello.
El fin de ETA y del imperio del terror no vendrá jamás de manos de los terroristas. No hay voluntad, por parte de esta organización de delincuentes, de poner fin al estado de poder en el que en estos momentos se encuentran. No saben vivir de otra cosa, no conocen lo que es el sistema democrático y poner fin a su organización es quedarse sin su sistema mafioso de vida.
En la vida, las palabras se las lleva el viento, en este caso, la onda expansiva de las bombas, o el ruido seco del disparo en la sien, o el miedo del que tiene que ir protegiéndose la espalda para que su nuca no termine reventada. Hacen falta gestos, verificables (como los mismos asesinos dicen), pero no en forma de comunicados mentiroso, sino con una entrega incondicional de armas, un reconocimiento del mal social causado y una disculpa a la sociedad y a los familiares de los muertos que estos asesinos han dejado por el camino. Mientra esto no llegue, todo es papel mojado y conviene no bajar la guardia.
Y es que ya lo dijo aquel Facts are Facts.