sábado, 19 de marzo de 2011

AN=NA y LOS REFLEJOS CONDICIONADOS


Dicen que una de las cosas que más molesta a un adolescente es que le digan que se parece a su padre, o a su madre. Por eso no es extraño oír aquello de "yo nunca seré como mi padre" o "yo nunca seré como mi madre".  Creo que todos, o casi todos, hemos pasado por esa fase de negación de lo nuestro, de lo propio.
 Recuerdo que en infinidad de ocasiones llegué a decir, incluso con rabia, aquello de yo nunca seré como tú, nunca se me ocurriría hacer esto o aquello. Pero los años pasan pronto y un día mientras estás hablado con tu pareja o con tus hijos, o con quien sea, te descubres frente al espejo haciendo aquel  gesto que tanto te molestaba, repitiendo esa frase que odiaste hasta el infinito.
Eso, precisamente, me ha pasado a mí. He asistido a una conversación muy desagradable. Por un momento, he retrocedido a momentos a los que no quisiera volver.  Los intentos de manipulación de la gente para obtener  sucias ventajas en algo que creen les pertenece me producen basca. No puedo evitarlo.  
Ni puedo, ni quiero. Yo vivo y dejo vivir y espero lo mismo de los demás. Y vivo, dejando vivir, con mis problemas,  mis alegrías y los de los que me importan, con eso ya tengo suficiente. Así, que levantándome de un revuelo, he salido de la estancia con un gesto tosco y una frase que, sin darme cuenta, ha salido de lo más profundo de mí: “Mi mal no quiere ruidos y tú haces demasiado para lo poco que tienes que decir”
Cuando aún tenía la mano en el pomo de puerta, he visto mi gesto reflejado en el cristal. La mirada, pese a ser mi cara, no era la mía y la frase creo que se grabó a fuego hace algunos años en algún lugar del inconsciente a la espera de un futuro que llegaría con toda seguridad.
Me retrotraigo a unos cuantos años de atrás y me escucho a mí misma y me veo hace apenas unos minutos. 
No me molesta parecerme a quien me parezco, al contrario, me parece casi mágico  y pienso que todo es relativo. Si algo aprendí, lo he dicho ya, es que hay que vivir y dejar vivir; que los  embrollos debemos mantenerlos lejos y que todo es relativo.
Sin darme cuenta lo he vuelto a hacer. Me parece bien, a fin de cuentas soy hija de quien soy, con todo lo bueno y lo malo también.