sábado, 26 de marzo de 2011

NIGHT DREAMS


Desperté sin que sonara la alarma del reloj. Habían pasado las horas más despacio de lo habitual y las coroné con una insulsa duermevela de ojos entreabiertos y  respiraciones quedas. 
Las noches son escenarios superlativos que ensalzan pensamientos grotescos. Así permanecí y acomodé los sentidos a la oscuridad sólo interrumpida por el parpadeo incesante del piloto de luz de un cargador eléctrico.
Sentí su abrazo rodeando mi cintura y su pierna amoldándose entre las mías como los dientes de una rueda que encajan en un engranaje cuasi perfecto. Me imagine sincronizando sus movimientos con los míos y a su vez con los estrambóticos pensamientos que una última lectura nocturna habían impreso en mí. Pero hay cadencias imposibles porque se sujetan en indescifrables mecanismos cerebrales, por eso cuando yo expiraba, él inspiraba, pero nunca a la vez.

Y desperté, sin ningún sonido que me sobresaltara. Tuve la certeza que habían pasado horas, no sé cuantas, y que éstas se habían perdido en los extraños abismos de los sueños incompletos y tozudos. Y desperté despacio, ligera como un espectro. 
Al mirarme en el espejo observé la mirada aprisionada entre círculos violáceos de los tiempos vivos que contrastaban con la tumefacción de los párpados que permanecen cerrados durante horas.
Por eso desconfié de ese despertar que parecía inventado dentro de un sueño infinito, reproducción de antiguas noches insomnes y compañías difusas. 
Cerré los ojos para recuperar una visión más nítida. Sentí sus labios sobre los míos y su mano recorriendo el istmo que une mis muslos. Fue entonces cuando supe que la quieta revuelta nocturna y espectral sólo había sido un mal sueño y que la compañía era menos difusa que nunca.