jueves, 10 de marzo de 2011

DEL CONFLICTO Y YO CON ESTOS PELOS

 

Por varios motivos, llevo días dándole vueltas a varios temas pseudo-sesudos, no es que me quiten el sueño, eso últimamente sólo lo consiguen pocas cosas, pero sí que me tienen perdiendo minutos de mi preciado tiempo buscando contestación a mis interrogantes. Uno de ellos es: ¿Por qué algunas personas tienen la necesidad vital de hacer las cosas rematadamente mal? ¿Por qué tienen la necesidad de sembrar el conflicto allá por donde caminan? ¿Por qué necesitan llenar las cunetas de sus vidas de aparentes cadáveres?
Trabajo con el conflicto, pero no me gusta. Quizá precisamente por eso, porque no me gusta, gran parte de mi tiempo lo dedico a lidiar contra este elemento distorsionador de la paz social. Y, como no me gusta el conflicto, cuando éste sobrevuela mi espacio vital, mi esfera personal, me molesta tanto como los granos de arena que quedan pegados a la piel tras una jornada de playa. 

Sin embargo, nunca estamos a salvo del conflicto, de generarlo (voluntaria o involuntariamente) o de sufrirlo. Lógicamente, vivimos en sociedad y cada uno somos hijo de una leche distinta y, pese a que no lo parezca, de la generación del conflicto y el mal rollo, algunos hacen su leitmotiv salpicando a  los que nos molesta terriblemente. Es así. No lo comprendo pero es así.

Como esta idea hace días que me ronda por la cabeza y no encontraba un explicación convincente, decidí hacer la consulta en la bendita red social Facebook. Y hete aquí que, en menos de dos minutos,  obtuve la respuesta a la pregunta hartamente formulada:

 “Los individuos que padecen un complejo de invisibilidad (nota: se refiere a personas que no han obtenido el reconocimiento que creen merecer en su entorno inmediato. Hablamos de prestigio, carisma y respeto) suelen provocar conflictos que implican emocionalmente a aquellos que les rodean, y en los que inevitablemente ellos figuran en el epicentro" 

La cita en cuestión no es mía, sino del filósofo Miroslav Berenzc a cuyo pozo de sabiduría me ha abocado el Sr. Berenguer(*). Debo reconocer que desconocía de su existencia, ni de su obra “Remando con los pulgares”.  Es imprescindible que me haga con un ejemplar de tan elemental manual para que siga disipando las dudas existenciales que últimamente me aturden. No cejaré en buscarlo, aunque tenga que trasladarme al Rajastán y haré de él mi catecismo.

Bromas aparte, pienso en la "cita" y doy mi duda por despejada. Es eso y no otra cosa lo que lleva a la generación dolosa del conflicto en la mayoría de ocasiones.

Voy a poner punto y final a este texto. Su misión está cumplida. O no, falta un punto, el agradecimiento al Sr. Berenguer. Ahora sí. FIN .





(*) Jordi Berenguer Barrera, escritor. Sus novelas publicadas: "Circulos de tiza", "Los formidables Kalandrian", "El ángel sin cielo".