domingo, 22 de mayo de 2011

DE LOS TRASLADOS Y OTROS MOVIMIENTOS


Si alguna vez intentas hacer un traslado, una mudanza, más vale encararlo con optimismo. No recuerdo ahora el número de mudanzas que he hecho a lo largo de mi vida, pero ninguna ha sido tan pesada como ésta, mortal de necesidad.

A las nueve de la mañana, con una alegría desbordada, vestida como si me fuera a la jungla pero con sandalias,  he comenzado el recuento de cajas, libros, estanterías, etc., que tenía que trasladar y, como si de golpe hubiera contraído las fiebres malayas, me han entrado unos sudores fríos, para nada compatibles con el soleado día que ha amanecido. Los sudores del canguelo.

A punto de sucumbir a una depresión post-recuento y no quepo, no ha quedado más remedio que acudir a las “drogas”. He cerrado la puerta, bajado caminando los tres pisos que me separan de la calle y encaminado mis pasos a la estupenda boulangerie que inauguró hace un par de meses en la acera de enfrente. Un atracón de cafeína, un donut de chocolate y, para rematar, una ensaimada compartida con finalidad terapéutica, han servido para, momentáneamente, levantar el ánimo y no sucumbir a la desazón de los kilos de papel que quedan por mover.

Pero como mañana toca continuar y me temo que los bajones atacarán de nuevo, he decidido proveerme de drogas varias y llenar el bolso de: seis bolsas de conguitos de chocolate, tres paquetes de almendras garrapiñadas, dos paquetes gigantes de M&M, de manera que no suframos por no poder doparnos.

Para colocar todo eso dentro del bolso, he tenido que hacer sitio, de momento he dejado el ejemplar de “No consigo adelgazar” sobre la mesa del despacho, que lo primero es lo primero y es que sin glúcidos no semos nada. 


P.D.: Ah! y el bolso bien cerrado que hay mucho drogadicto suelto que mete la mano al primer bajón de cambio.

Credence Clearwater Revival - Sweet home Alabama