domingo, 1 de mayo de 2011

ELLAS, LAS MÁS BELLAS...PARA MATARLAS


Las pasadas navidades mis amigas, las ya archifamosas Pld’s, decidieron jugar al “amigo invisible”, ya saben una persona-un regalo. Una manera como otra de disfrazar la “crisis”. Así que, el día X a la hora H, se consumó la entrega de obsequios.

Debo reconocer que el mío me sorprendió, un bono para una sesión de “pedicuro-sanador-curador-vidente” (en adelante PSCV).  Ahí es nada. No entendí el “mensaje cifrado” que sin lugar a dudas llevaba a tan extraño regalo ¿mis pies hechos un Cristo? ¿Mi salud haciendo demasiadas aguas? ¿Un uñero evidente? ¿Un futuro que pinta más negro que el culo de un grillo? No comprendí nada.  Sutilmente alguien dijo: ¡Oh, qué suerte!, el mejor regalo, una sesión de PSCV, mientras el resto se moría de la risa y yo me imaginaba con los pinreles  sobre una mesa camilla y un tipo con turbante sobándome los pies como si intentara sacarles lustre para predecir la futura caída de la bolsa.

El bono era para dos y no podría escoger acompañante, venía previamente determinado, para que quedara constancia fiel y fidedigna de mi comparecencia ante el Gurú de los quesos. Mi acompañante sería Ra.

Llevo meses con el bono en mi cartera. No pensaba utilizarlo, sinceramente, pero el viernes, al mediodía mientras me debatía entre el arroz negro o la paella, recibí un sms que decía: “sábado a las 11:00 PSCV. Debes llevar preparado listado de consultas. No admite demora, bono caduca. Pasar quitaesmaltes uñas pinreles en casa”. Me entraron ganas de matar, de jurar en arameo pero, como no podía ser de otro modo, el teléfono de Ra estaba ya apagado o fuera de cobertura (ella es lista). Y es que a mí, que me toquen los pies, salvo que sea para cuestiones libidinosas, me da cierta grima y, la verdad, no tengo demasiado interés en conocer el futuro. Ya llegará.
Sin embargo, no negaré que el bichito de la curiosidad me picó porque ¿tanto pueden saber los pies? Así que, le viernes por la noche, me senté bolígrafo en mano y comencé a anotar mis consultas vitales, esas sin cuyas respuestas no puedo vivir. Ahí van:
  • ¿Me quedaré calva por la súbita masculinización de mis pensamientos? Dicen que los tipos se quedan calvos por culpa de la testosterona y últimamente todo me toca mucho las pelotas por lo que sospecho que quizá esté segregando testosterona.
  • ¿Si pese a lo  anterior conservo la melena, la rebozo de mechas y me hago la manicura francesa, se me encogerá el cerebro hasta convertirse en una uva pasa y las manos pasarán a parecer un manojo de rábanos pochos? (que me perdonen las que tengan el pelo mechado de origen. El resto que cabalguen con el drama del amoniaco y la capilaridad si finalmente el PSCV confirma la respuesta)
  • ¿Si digo muchas veces caca, pedo, culo, pis y consigo que me rían la gracia, me transformaré en una simpática-fashion-moderna?
  • ¿Si mezclo mandarinas, mayonesa y lo bato mezclándolo con un poco de vinagre de Módena previamente destilado en un alambique casero y lo pongo como chupito para acompañar el café de la sobremesa, formaré parte de la Nouvelle Cuisine? ¿Conseguiré una nueva fórmula para mejorar el tracto intestinal? 
  • ¿Si las noches de luna llena, me siento en la terraza y le aúllo como si fuera la perrita Marilyn, conseguiré resucitar a Herta Frankel?

Sábado 11:00. Estamos sentadas en una sala de espera decorada por el mismísimo primo de Rappel.  Siento que me pican los pies, debe ser cuestión de las ondas, tal vez esto de los PSCV sea como con la telefonía móvil, en la que las ondas llegan hasta el infinito y más allá. Mientras esperamos para pasar a la consulta, repaso mi lista por si, a última hora, quiero cambiar alguna pregunta vital, todo eso mientras decido si quiero que me retiren las cutículas y que las uñas me las pinten de rojo o de verde fosforito.
De reojo veo a Ra leyendo mi estupenda lista. Me coge del antebrazo y cariñosamente dice: “Querida, tú no necesitas un pedicuro-sanador-curador- vidente, tú lo que necesitas es un exorcista".
PD: Lo narrado en este post es totalmente cierto, no es una coña marinera, lo juro por la caspa de Torrente.