miércoles, 18 de mayo de 2011

UNIFORMARSE PARA SOBREVIVIR QUE NO PARA VIVIR

 

Alguien tuvo la ocurrencia de colgar las orlas frente a la máquina del café. Apuro el mío, sentada en el único banco libre de todo el pasillo mientras, desde la distancia, miro el collage que forman los cientos de rostros uniformados con el negro de unos vestidos de atrezo.

Esta tarde terminan las clases. Han pasado ocho meses desde que empezó el curso y, sin darnos cuenta, los tres años que tocan. En unas semanas una nueva orla coronará la pared. 
Cuento en las que aparezco y veo el paso del tiempo. 
Hoy nos evaluarán y señalarán, sin ninguna consecuencia, lo mejor y lo peor de cada uno de los que, semana tras semana, hemos estado frente a ellos, o a su lado, según se estile.
Estos días cierran una etapa fundamental. Espero que la recuerden con agrado y espero, por la parte que me toca, haber conseguido despertar su curiosidad, haber espoleado su sentido crítico y la capacidad de buscar argumentos. 
El saber no sirve de nada cuando lo sabido no puede ser interpretado, cuestionado y reformulado.
Espero haber sabido transmitir que lo que importa es tener sentido crítico, siempre desde una vertiente constructiva, que el saber sí que ocupa lugar y que, precisamente por eso, lo sabido debe servir para algo y cada uno debe aprender, desde sus capacidades, para qué.
Alguien debería pedir que retiraran las fotografías uniformadas y que colocaran otras mucho más reales, otras que muestren la diversidad, que muestren a otros como son cada uno de ellos, esas en las que se ven los vaqueros, las camisetas y las cazadoras. 
Uniformarse permite sobrevivir pero no siempre vivir. 
© Fotografía naq