sábado, 28 de mayo de 2011

NO SOMOS IMBÉCILES


Hace una semana estábamos pendientes de las elecciones. En las plazas de este país acampaban cientos de personas intentando hacerse oír, poniendo de manifiesto la indignación ante la situación política, social y económica en la que nos encontramos. Cientos, miles de personas, “ocupando” la calle. Frente a ello, los políticos ávidos de obtener votos no sólo no cuestionaban, en la mayor parte de los casos, esta especial “revolución social” sino que la aplaudían. Pero las elecciones han terminado y aquello que hace unos días era contemplado con cierta gracia por quienes nos gobiernan, hoy es una molestia y hay que borrarlo de la manera más inmediata posible. A golpe de porra, a golpe de lo que sea.
Pero se han equivocado de nuevo. Es cierto que a esta situación hay que darle una salida, pero no la de la porra. Por eso, porque la porra ante lo que se clama en las plazas no cabe, ayer Barcelona se tiró de nuevo a la calle y, tras un apestoso y asalvajado desalojo, la calle y la plaza más conocida de la ciudad fue nuevamente tomada por una ciudadanía indignada por el comportamiento de sus políticos y de quienes ejecutan su ordenes.

Creo y sufro algunas de las cuestiones que los “indignados” han puesto sobre la mesa, pero no me gusta la falta de propuestas, por ahí cojea este movimiento. Existen otras muchas cuestiones que no tengo claras y no me convencen. Pero de lo que disto un mundo es de las decisiones adoptadas, que además son brutalmente ejecutadas por nuestro ejecutivo (el de la Generalitat de Catalunya), por razones tan estúpidas como, entre otras, una posible victoria de futbol que puede llevar a miles de personas a encontrarse en la zona y generar un conflicto mayor; o una cuestión de salubridad en una plaza que siempre ha dejado mucho que desear en cuanto a limpieza y salubridad.
Se les da bien lo de mezclar churras con merinas.
Y es que si hasta ayer tenía claro que nuestra clase política no tiene ningún tipo de altura ni catadura moral, hoy tengo el convencimiento de su estupidez e incapacidad mental.
Tienen a sus ciudadanos quemados y a nadie se le ocurre sentarse a hablar. Nadie piensa en convocar a la gente a participar en debates y mesas en las que se trate toda esta situación y sobre el desencanto generalizado. No, eso no se le ocurre a nadie. Convocar a los ciudadanos para que opinen, sólo se hace en referéndums que a nada llevan, mientras nos morimos de asco y se nos ningunea. No contamos para nada. La participación directa es inexistente para ellos cuando les conviene, en otras ocasiones despliegan todos los medios tecnológicos habidos y por haber.

Por eso, tal vez por eso, por el hartazgo, hoy en Plaza Catalunya había mucha gente que no llevaba rastas, ni pearcings, ni perros por compañía. Muchos, tomando nota de lo que ocurría y ha venido ocurriendo, ofreciendo y poniendo sobre la mesa posibles alternativas, pequeñas, minúsculas, pero que nada tienen que ver con la porra, ni con el desagravio y sí mucho con la solidaridad,  el ejercicio de la tolerancia, la negociación y las ideas.

Lo dije hace unos días  y lo repito, hay que arrimar el hombro y trabajar y da igual que uno sea peluquero, estudiante, mecánico, conductor de autobús, abogado, administrativo o desempleado sin cualificación profesional, hay que trabajar. Y trabajar en todos los sentidos porque las acampadas sólo tendrán sentido si somos nosotros, los ciudadanos de a pie, quien aportamos soluciones imaginativas a un sistema agotado. Así que, pongámonos manos a la obra, no nos queda tiempo.
Mañana me acercaré de nuevo a la plaza y muchos otros también lo harán. Eso es lo que están consiguiendo.
© Fotografía naq