miércoles, 25 de mayo de 2011

SOLIDARIDAD NOIRE O NEGRA, SEGÚN GUSTE


Ayer, el director de mi oficina bancaria dejó un empalagoso mensaje en el contestador “invitándome” a una pequeña reunión para el día de hoy. Inmediatamente, en mi cerebro empezó a sonar, como un mantra, “alarm”, “alarm", "alarmmmmmmmm".

Esta mañana, a las ocho treinta y cinco minutos, ni uno más, ni uno menos, me he sentado frente a mi querido Director. Tras una pequeña charla intrascendente sobre el calor, de lo malo que es la desaparición de las estaciones y sobre la proliferación de “perro-flautas” en la plaza donde está el banco, se ha puesto a tocar el ordenador mientras me adelanta, sin apartar la vista de la pantalla, que tenemos que hablar sobre mi póliza de crédito, esa con la que trabajo desde hace años, muchos. 

Carraspea mientras me avanza que estoy a punto de reventarla, la póliza claro, como si yo no lo supiera. Le explico que estoy en un maremagnum de cosas y cambios, pero que no se preocupe que antes de finales de junio, cuando me toca renovarla, la tendré más bonita y saneada que un San Luis. Carraspea de nuevo, y yo, que me temo lo peor, lanzo la mano al cuenco de los caramelos de cortesía. 
Y et voilà! Tras casi veinte años trabajando con la misma entidad, tanto en épocas de bonanza, como ahora en época de restricciones, me he convertido en un riesgo. Y claro, me sorprendo. Le pregunto: ¿Riesgo para quién? ¿Para el PIB?, ¿Para la estabilidad de una de las mayores entidades bancarias del país? ¿Para su salud cardiovascular (a la vista del color morado que empieza a tener su cara? ¿Para los “perro-flautas” de la plaza? ¿Para las ancianitas que toman el café en la terraza que veo desde mi silla? Intenta convencerme que es una decisión adoptada sin que él esté de acuerdo, pero que no me van a renovar la póliza. 
A estas alturas ya me he comido medio cuenco y creo que, antes de que termine su discurso, sólo quedarán envoltorios vacíos para ofrecer a los futuros “convidados” a este tipo de reuniones matutinas.
Empieza a darme un poco de pena, la mía (la de mis números rojos) ya la tengo asumida e incluso la paseo con garbo y gracia por las entidades bancarias con las que estoy negociando últimamente para seguir trabajando, pero la verdad es que mi director, que me conoce desde que ahorraba en mi infancia, está pasando un mal rato.
Me habla de que no tiene margen, que no puede hacer nada, que el interventor le tiene humillado, que en realidad ya no tiene peso específico, que lo tienen relegado a la nada desde que cumplió los 55. Miro mi  mano y me quedan tres caramelos. Le miro y tiene los ojos vidriosos, creo que ante su desolador panorama de Director venido a menos, está a punto de romper a llorar. Sólo se me ha ocurrido darle dos  de los caramelos, mientras pelo y degusto el último que me queda.
La cosa está complicada. Empiezo a pensar que me ha llamado para que le consuele pues de mi negra situación financiera, hemos pasado a su negra situación laboral. Y no es que me moleste, todos tenemos arranques lacrimosos en momentos poco adecuados, pero es que me confirma que no me va  renovar la póliza de crédito y eso, aunque no lo parezca, es un problema en estos momentos.
Pero, como no puedo hacer más y empiezo a tener una espalda que ni la de Chuck Norris a fuerza de echarme las cosas sobre la misma, termino la visita pidiéndole que al menos, ya que no me va a renovar, me regale unos bolis de los buenos  (de esos que regalan en las operaciones fuertes), porque con el cruje a intereses con el que me van a bendecir, no me va a quedar ni tinta para firmarle las prórrogas. 
Me ha regalado dos, debe ser cosa de la solidaridad Noire. Mañana le acercaré una bolsa de conguitos que me quedó de la mudanza.

supertramp - the logical song