lunes, 12 de septiembre de 2011

VULTURES


Cuando lo vio sobre la mesa, puso el dedo en la sien y lo giró como un molinillo. Nadie en su sano juicio leería a Kafka en primavera. Ignoraba que, hacía demasiado,  las estaciones habían dejado de existir y que no había más vara para medir el tiempo que el hambre que en ocasiones sentía. Por eso, los días jamás tenían veinticuatro horas, las noches eran eternas y el sol se transformaba en una candela tintineante que iluminaba el vacío.

Cogió el ejemplar, lo lanzó sobre el sofá y salió de la estancia arrastrando los pies. Ignoraba que, como el buitre, había terminado con ella y que, con ese fin, esperado por otro lado, había terminado consigo mismo.

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"Érase un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía su obra. Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó por qué toleraba yo al buitre.
-Estoy indefenso –le dije-, vino y empezó a picotearme, yo le quise espantar y hasta pensé retorcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies: ahora están casi hechos pedazos.
-No se deje atormentar –dijo el señor-, un tiro y el buitre se acabó.
-¿Le parece? –pregunté-, ¿quiere encargarse usted del asunto?
-Encantado –dijo el señor-; no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿puede usted esperar media hora más?
-No sé –le respondí, y por un instante me quedé rígido de dolor; después añadí-: por favor, pruebe de todos modos.
-Bueno –dijo el señor-, voy a apurarme.
El buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente. Al caer de espaldas sentí como una liberación; que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba."

El buitre -Franz Kafka-