miércoles, 4 de enero de 2012

GESTIONAR COMO SE PUEDE


El día 30 caí en barrena. Intenté aguantar por todos los modos posibles pero no fue posible. Un virus terminó por dejarme K.O, y prácticamente inútil para la afrenta que días más tarde me esperaba. Reposé e intenté curar a marchas forzadas una dolencia de la que me contaminé intentando evitar que otro, más pocho que yo, se contaminara.  Y no lo conseguí. Llegué a la mesa de operaciones con flojera pero, al parecer, eso no es un contratiempo para que el cirujano meta mano donde debe si la fiebre no te asiste.

Así que, después de caer en barrena, caí un poco más abajo y empecé a padecer los rigores de una intervención programada que, si todo va bien, va a proporcionarme un bienestar no conocido hasta ahora y que aún hoy no siento. Y mientras ando en esas, desconectada del mundo por propia decisión, con un postoperatorio más gravoso de lo esperado, voy a parar a cientos de páginas que me permiten gestionar el dolor de una manera provechosa y cariñosa conmigo misma.
A cada punzada, una mueca que intento creer es una sonrisa pero no. Y a cada punzada, un volver a la página en la que fijo la atención en ese oficiar el mal del que intento olvidarme a cada minuto que pasa. 

Es cuestión de tiempo y paciencia. Cuestión de muecas que simulan sonrisas, páginas que enmascaran mundos, y dolores que desaparecen cuando me adormezco artificialmente. Sólo eso.

“Tenemos que advertir que, bajo ningún pretexto, el hecho de sonreír debe llevarnos a olvidar la capacidad de lágrimas que todos llevamos dentro. O al revés, ya que todos los grandes viajes pueden emprenderse eligiendo sentidos que, a veces, parecen opuestos (Pere Calders: Ronda naval bajo la niebla).