martes, 31 de enero de 2012

PELUSAS Y SEQUOIAS



Estos días hago por llegar pronto a casa, hoy lo he conseguido y mientras esperaba que la secadora hiciera su trabajo, me he sentado junto a Dalhman.  Leemos, durante un rato, la increíble historia de Harry “El hurón” y  Penny  “la  grulla”. Nos perdemos, los dos, por un bosque de sequoias gigantes mientras perseguimos al “hurón” que corre, cazamariposas en mano, intentado atrapar un raro ejemplar de Arctiidae Icnopila. 
 
Dalhman ronronea por primera vez en seis días. Suena el teléfono y dejo que salte el contestador, no voy a mover ni un solo músculo, estoy en el sofá, tengo un gato sobre las piernas y estos días, aunque para algunos pueda ser incomprensible, este animal se ha convertido en mi prioridad.
 
Le rasco su suave cabeza y entretengo los dedos entre la pelusa que no ha envejecido pese al paso del tiempo.  Levanta el cuello para que siga acariciándole antes de cerrar los ojos y colocar, de nuevo, la cabeza sobre las rodillas.
 
Volvemos sobre nuestros pasos, tenemos que alcanzar al “hurón”, nos lleva unas cuantas millas de ventaja, no sea que alcance ese raro ejemplar de mariposa y nosotros, aquí, a ritmo de clarinete, nos quedemos sin ver la infantil hazaña y se nos fastidie, de nuevo, la cena.